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    Una vez superado el susto inicial de saber afrontar (con una mínima dignidad) la decisión que tomé de la creación de este bebé/blog: ¡nueva entrada!. Y qué mejor tema para este artículo que la lectura. Estamos en el mes de Abril, el 23, se celebra el día del libro. Ya conocéis que este curso hemos querido festejarlo de forma distinta, haciéndoos partícipes. Queremos que colaboréis, a fín de cuentas, la educación es como poco, cosa de tres (alumnos, padres, educadores). Y ¿cómo?. Pues de la mejor de las maneras, contadnos una historia.                                                      

   Os iba a hablar del aprendizaje de la lectura (proceso de reproducción de la forma sonora de las palabras, siguiendo sus modelos gráficos y que lleva implícita la posibilidad de comprender la información contenida en un texto, D. B. ELKONIN). De los distintos métodos de la enseñanza-aprendizaje, fundamentalmente el método global y el sintético-fonético…

   Os iba a hablar de los distintos puntos de vista sobre el momento idóneo para iniciar el aprendizaje. Como en todos ¿cuál es el periodo sensitivo, momento óptimo en que el niño, por desarrollo evolutivo y actitud/inquietud, está preparado para iniciar el proceso lector?

   Os iba a hablar de ¿por qué a los niños, hoy, no les gusta leer?.

   Pero os voy a hablar de nuestro papel, el de los adultos, como mediadores/promotores fundamentales en el gusto de los niños por la lectura. A nosotros, nos toca la parte de responsabilidad en el 0-3. Algunos diréis, a esa edad los niños aún no son lectores. Para mí, un niño es lector desde que nace. Bien es cierto que el periodo de desarrollo que abarcamos, en nuestra etapa, es el de “lectores de imágenes” y que como todo aprendizaje éste es también un proceso. Quiero decir que no se empieza a leer a los 5 años, se empieza desde los 0. Trabajando sus sentidos, la pinza digital, el hojear de libros, estimulando la observación de personas y objetos, repitiendo sonidos, obedeciendo órdenes sencillas, en el 2º año de vida, seguimos hojeando libros, para esta vez, encontrar figuras, imitamos al adulto en tareas simples, decimos palabras diferentes, obedecemos órdenes sin que vayan acompañadas de gestos, respondemos a preguntas, aprendemos y reproducimos canciones y retahílas sencillas. Al final del tercer año, diferenciamos objetos atendiendo a características sencillas , podemos manifestar sentimientos, afianzarnos en el seguimiento de órdenes sencillas, prestamos atención en un periodo, no muy largo, de tiempo, participamos en juegos dramáticos, tenemos vocabulario sencillo. Construimos frases, aprendemos y gesticulamos canciones.

   Generando situaciones motivadoras que estimulen su cuerpo, su intelecto, su expresividad y creatividad, estamos poniendo los cimientos del proceso lector.

   ¿Y la actitud? ¿Cómo hacemos que un niño sienta gusto por leer, cómo se puede estimular el hábito lector?. Porque con lo que os he contado, en párrafos anteriores, sentamos premisas para el aprendizaje de la lectura pero ¿cómo hacemos sentir a los niños que es a través de los libros como mejor se accede no ya a la formación sino al mundo fantástico de los sueños?. Yo no tengo una receta infalible, pero si creo que merece la pena que hagamos una reflexión. Pienso que como en todos los aprendizajes, el afecto con el que se afronte revierte directamente en mayor o menor motivación.

   Nuestro gusto por los libros se transmite, también en esto somos modelo para los niños pequeños. Nuestro deleite también será el suyo. Buscando momentos del día propicios para mostrar imágenes, contar historias, con libros íntimamente ligados a sus intereses y motivaciones. Con mucha imagen, con texto escaso, atractivos, expresivos. De hojas gruesas, que permitan su manejo. Nuestra narración debe jugar con los cambios de voz, ritmo, de tono. A veces (su atención dura poco), es conveniente interrumpir los relatos, hacerles preguntas. Siempre a su lado, mostrándoles la ventana al mundo que son los libros.

   En este terreno, los educadores de nuestra etapa, somos privilegiados, porque los niños pequeños logran una inmersión total en las historias, se involucran y disfrutan.

   Si somos ejemplo, si la imagen de un padre/madre/educador con un libro en la mano es cotidiana, si nuestra satisfacción con la lectura es evidente para el niño, es más fácil que para él también sea cotidiano y satisfactorio.

   Otro tema es el libro-obligación de otras etapas. Mientras tanto ¡FELICIDADES A LOS LECTORES!

    Y un regalo:

EDUCAR

Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.

Gabriel Celaya

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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