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  Para Laura, para Rosa:

 ¿Cuentos clásicos si, cuentos clásicos no?. ¿Son sexistas?. ¿Son buenos para los niños?

  Había una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

  José Agustín Goytisilo (1928)

  Los cuentos clásicos no narran el mundo del que habla Goytisolo pero son los que han conseguido que generación tras generación, en algunos casos, durante más de trescientos años, hayamos sido capaces de entrar en el universo de la lectura.

  Autores como Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm, Perrault… a través de su obra (tesoros literarios) han transmitido valores, normas, enseñanzas, han conseguido que millones de niños se identifiquen con la diversidad, la humildad, la bondad, la astucia… Que los narradores tengamos en nuestras manos un maravilloso instrumento de valor lúdico y educativo con el que poder trasladar mensajes del valor del trabajo, del esfuerzo, de la obediencia, del respeto, de la amistad. Mirando al niño, estudiando sus reacciones, ajustando nuestra versión a sus percepciones, el niño crece, se enriquece.

  Pienso que entrar en el debate sobre los roles hombre/mujer en los cuentos clásicos no tiene sentido. Lo que tenemos delante son obras literarias, algunas, con tres siglos.

  Sus aportaciones a la fantasía, a la comprensión de sentimientos y principios, su capacidad para despertar emociones (miedo, sorpresa, enfado, excitación, culpa…), su validez como recursos didácticos (contenidos curriculares, estructuras gramaticales, vocabulario…) les han hecho perdurar en el tiempo y defenderse por sí mismos.

  Quizá algunos de vosotros os acordéis de sentiros, por un momento, la bella durmiente, o el sastrecillo valiente, o el príncipe feliz… bueno, yo, la verdad, siempre he sido un poquito cursi.

  Naturalmente, estamos en el siglo XXI, y las aportaciones de la literatura moderna, también enriquecen nuestros códigos comunicativos.

  Esta es mi forma de verlos, de sentirlos. Aunque de adultos, tal vez, en algunas ocasiones, soñemos con “un mundo al revés”.

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