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    Hoy, le decía a Rosa que me cuesta trabajo escribir. Mi lenguaje está absolutamente condicionado por los que durante tantos años han sido y son mis interlocutores, los niños. Para expresarme, me apoyo en gestos, muchas veces exagerados, en cambios de tono de voz…porque mis receptores habituales interpretan, muy bien, la expresión de caras, la comunicación no verbal.  Naturalmente, no les puedo hacer absolutamente responsables. También , hay que reconocer que mi capacidad de transmitir por escrito es mejorable (dejémoslo así).


    No quería que se acabase el mes de Abril sin hablar de Emma, Nicolás, Teresa y Candela. ¡Han nacido! ¡Felicidades!

    Y como dicen Rosario y Estopa, en su canción, “a mí me suena el run, run de mi corazón”. Compartimos la alegría con sus papás.

   Han salido del útero materno y ahora, con sus padres, ya tienen la oportunidad de establecer esa relación amorosa que les dará toda la seguridad y bienestar físico y psicológico.

     Para los papás ya no es una experiencia totalmente nueva, son segundos hijos. Saben que sobre todo, el primer mes, se dan en el corazón de los adultos sentimientos intensos, que a veces, parecen enfrentados. El nacimiento de un hijo es una alegría enorme, pero la relación con un recién nacido, que tiene que estrenar su organismo, adaptándose a la nueva vida, con cambios tan violentos (aparato respiratorio, circulatorio, sistema nervioso) que, incluso, nos parece increíble que no fallen más, puede resultar hasta complicada.

   Hay que tener en cuenta que cuando nace su sistema inmunitario es deficiente, en el terreno psicomotor y psicosocial, nos encontramos con los automatismos y reflejos.  Ya no tiene placenta que le dé oxígeno y alimentos, tampoco protección térmica, ya vive rodeado de estímulos, luces, sombras, sonidos, ropas en contacto con la piel, olores y gustos, sensaciones internas de hambre y sed, de placeres y molestias. Y además su organismo se enfrenta a necesidades vitales: respirar, tomar y digerir alimentos, eliminar residuos.

   Contrastando con el desarrollo de la mayoría de órganos infantiles, el cerebro nace inmaduro. el bebé es completamente inútil y dependiente del medio que le rodea. Sus reflejos son las pocas herramientas que posee para sobrevivir, dando respuestas automáticas. Aún así, también es verdad que está a punto para crecer vertiginosamente. El desarrollo del  cerebro, durante los primeros doce meses, sienta las bases de todo su desarrollo posterior. Para ello necesita de ESTIMULOS (sensoriales y de movimiento). Van a ser los padres, fundamentalmente, los escultores de este desarrollo. Un ambiente favorecedor de oportunidades para el movimiento (suelo,rastrear, gatear, voltear, contacto físico…no abusar de sillas, no rotundo a taca-tás, sí a todas las posibilidades de  expresión a través del movimiento). En definitiva, estimulación entendida como actividades que favorezcan y potencien el desarrollo en el niño sano y prevengan problemas en niños de riesgo.

    Como siempre, con los niños, no hay fórmulas matemáticas.Es fácil hablar  de los datos objetivos, de la teoría y ¡tan difícil la práctica! Aún a riesgo de parecer entrometida y por si mi experiencia como madre y maestra os pudiera servir, algunos ingredientes para que nos salga bien la receta son:

-contacto físico, cariños, mimos, achuchones…(dicen que la piel habla)

-rutinas ( el orden sitúa al niño, le proporciona tranquilidad, seguridad)

-paciencia, se tienen que adaptar al mundo y su forma de comunicar las molestias a veces nos resulta poco llevadera.

-acordaos de que no enseñamos sólo cuando tenemos la intención de hacerlo, enseñamos con nuestros actos, con lo que hacemos cotidianamente. Lo que repetimos, cada día. es enseñanza para los pequeñitos.

   Decía Oscar Wilde “el medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices” 

     Ese es mi deseo para Emma, Nicolás, Teresa y Candela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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