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   Ya que conseguimos dejar atrás, indemnes o no,  el meloso Día de la Madre me pide Marisa que opine en su blog sobre educación. ! Qué error ¡, no sabe en que lío se ha metido, pero por voluntad que no quede.

   Quiero citar entrecomillando y sin tocar una letra las conclusiones de un fantástico articulo escrito hace tres años por la Dra. Burrueco Arjona, Psicóloga clínica. Equipo de Salud Mental Infantojuvenil. Centro de Salud Mental de Fuenlabrada. Catalogado como uno de los mejores artículos escritos en 2007 por la Sociedad Española de Pediatría y que al final os pondré la referencia completa por si es de interés ampliar conceptos,  son nueve páginas en pdf muy ligeras de leer y muy muy recomendables.

   “Los niños no se educan solos, ni dándoles todo lo que piden. Necesitan a adultos sólidos de referencia que dediquen un tiempo para enseñar, a ser posible con sus acciones; los chicos aprenden de lo que ven; por ello, es fundamental que la pareja dedique un tiempo a ponerse de acuerdo. Los niños son expertos en escurrirse entre las inconsistencias y desavenencias de los padres y de los adultos en general y eso no los hace más felices sino más desvalidos.

   Cuando a los niños y adolescentes se les enseña, no sólo con la palabra sino con los hechos, comienzan a creer, a dar crédito a los adultos y entonces pueden aprender, en la doble dirección, que todos tenemos derechos y obligaciones, que sin esfuerzo no conseguiré lo que deseo, que tengo que dar para recibir, que la cooperación entre los miembros de la familia y el respeto de los padres entre sí son fundamentales para aprender el respeto entre los sexos, que la tolerancia y la empatía son ingredientes indispensables para ser, en el futuro, una buena persona, un buen ciudadano y un buen padre.

   Si pediatras, matronas, enfermeras, médicos de familia, profesores, trabajadores sociales y psicólogos no nos ponemos de acuerdo en lo que significa madurar, parecerá que es algo que depende más de la suerte que de un trabajo que hay que realizar entre todos los que nos movemos en el mundo de la infancia y la adolescencia.

Texto completo en “Las consecuencias de la educación “a demanda”

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