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el libro de los culitos Cuentos infantiles para decir adiós a las cacas      Para algunos tema superado, para otros un reto (estamos en ello) y para otros tema pendiente (calentando motores). En la escuela, parece que el día que hablamos con vosotros , por primera vez , del tema es cuando empieza el control de esfínteres. Así, como algo puntual, aislado del resto del desarrollo del niño, que se afronta cuando uno quiere o le viene bien. No es así. El control de esfínteres es el resultado de un proceso madurativo en todos los órdenes, fisiológico, cognitivo y emocional.

   Voy a referirme al control de esfínteres, no desde el punto de vista de pautas para abordarlo, sino más bien a las bases teóricas por las que lo trabajamos alrededor de los dos años  y no antes o después.

 Porque parece ser que es un tema que suscita polémica. ¿Cuándo enfrentarse al control de esfínteres? Nuestro punto de vista es que es el proceso educativo inicial el que regula los procesos madurativos y evolutivos, y no a la inversa. Es decir, distintos procesos  educativos pueden generar procesos evolutivos distintos, y el riesgo de que esos procesos sean deficitarios se debe, en buena parte, a no haber proporcionado, en su momento, las acciones educativas adecuadas.

   Sin perder de vista el “tiempo biológico” del niño de dos años, en el que se da un rápido proceso de crecimiento y cambio y teniendo en cuenta que existen límites de maduración fisiológica, hemos de tener presente que también existen propiedades funcionales del cerebro con sus posibilidades y límites que son modificables y mejorables. Me explico, igual que el niño precisa su “papilla alimenticia” para su crecimiento físico y que éste dependerá en buena medida de la naturaleza de sus componentes, también la “papilla educativa”, de atenciones y estímulos adecuados se vincula directamente al éxito en la adquisición de hábitos de salud e higiene y aumento por tanto de confianza en sus posibilidades. La supervivencia de las neuronas depende  de su éxito o fracaso en establecer conexiones que funcionen. El recién nacido depende completamente del medio que le rodea y para que se dé un desarrollo adecuado va a depender de la herencia genética, del aporte alimenticio y de las recepciones sensoriales que tienen que ser las adecuadas en cada momento para conseguir resultados deseables.

   Pues bien, alrededor de los dos años el niño camina seguro, tiene un canal de comunicación verbal (es capaz de comprender y utilizar palabras como pis, caca, mojado, limpio, pañal, water, orinal…), tiene nociones básicas  de su esquema corporal, es capaz de imitar, es capaz de sentirse cómodo e interesado con los aprendizajes, es capaz de darse cuenta de las sensaciones (en un principio “después  de”, un poco más adelante “antes de”), es capaz de establecer conexiones (pantalón seco/agradable)…

   Para nosotros ¡es el momento óptimo! para pasar de un comportamiento reflejo automático a una conducta voluntaria. Abordamos la resolución de un proceso en el niño que tiene un nivel de autonomía notable y condiciones facilitadoras para hacerlo.

   Porque este acto ya consciente y que le exige al niño un esfuerzo de autocontrol, tiene importancia como hábito de higiene y también como proceso de autonomía y aumento de confianza en sus posibilidades. ¡Crecemos otro palmo!

   Sólo me queda comentar lo de siempre, el éxito estará muy relacionado con la actitud, apoyo, expectativas y capacidad del adulto para transmitir confianza.

   Os adjunto el archivo de la escuela con pautas para el control de esfínteres.

   NOTA: Como sé que me ha salido un post un poco “peñazo”, traduzco de forma resumida “al cristiano”, somos firmes defensoras del reconocimiento de la capacidad de los niños y nuestra labor siempre, siempre va a apostar por el crecimiento.

EL_CONTROL_DE_ESFINTERES.

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