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   Ahora si se puede decir que hemos terminado el curso, aunque sigamos trabajando en Julio. Ya hemos evaluado. Punto final del proceso de enseñanza-aprendizaje de este año.

   La evaluación de los niños de nuestro ciclo es peculiar porque están en continuo progreso, y además en un corto espacio de tiempo. La intervención educativa en infantil no tiene como logro fundamental objetivos académicos sino desarrollo de capacidades, por ello, la evaluación es quizá una comprobación, valoración del seguimiento de la evolución madurativa del niño y de la eficacia del proceso de enseñanza-aprendizaje para su orientación y si fuera necesario, corrección. Esta valoración quedaría coja si no contempla también el propio proyecto educativo.

   En la tarea educativa son tres los momentos más importantes de la evaluación: la inicial o diagnóstica que trata de conocer al niño cuando llega a la escuela, la formativa o procesual que contempla la intervención del educador, materiales, organización del trabajo, planteamientos globales del centro para la modificación y perfeccionamiento de capacidades y destrezas (sobre la marcha), y la final o sumativa que recoge datos para ver la validez del proceso y de la situación en que se encuentra el alumno, siempre en relación a los objetivos propuestos. Siempre con la finalidad de reorientar y mejorar, detectar las necesidades peculiares de los niños que lo requieran.

   Hasta aquí un somero repaso de la evaluación como concepto, como proceso sistemático y organizado, como instrumento y conjunto de estrategias. La evaluación con su carácter formativo, regulador, orientador y autocorrector del proceso educativo y de la intervención.

   Pero también la he vivido desde otros puntos de vista, ni que decir tiene que las experimentadas en mis propias carnes como resultado de mi trabajo académico y que poco o nada tienen que ver con el actual concepto de evaluación. Aunque aún me siguen evaluando, mañana mismo del último ejercicio del curso de recursos didácticos del que ya os comenté algo.  Pero después han sido mis tres hijos los que me han hecho retomar el contacto.

   Apenas habéis empezado un camino que es largo y que todos, padres y educadores, debemos trabajar para que sea lo más exitoso posible, no sólo en resultados académicos sino también en la satisfacción del desarrollo personal. Estamos inmersos en una sociedad en la que todo se evalúa, no lo digo con connotaciones negativas, la evaluación es buena e imprescindible si su finalidad es situarnos para modificar y/o mejorar si fuera necesario. Aún así, creo que no hemos conseguido (los educadores) transmitir al alumno ese carácter de bondad de la evaluación y sin embargo fijáos que van a tener que verse sometidos a ella durante muchos años de su vida. La evaluación va a ser el refrendo de que el alumno lo ha hecho bien o en caso contrario debería servir como estímulo para modificar, siempre conectada a su carácter formativo. A pesar  de que esté convencida de su indispensabilidad (de la evaluación) sigo padeciendo una especie de “urticaria” en tiempo de evaluaciones cuando las padezco o celebro como madre. Es en ese momento cuando te enfrentas a la realidad de tu hijo como alumno, a tu realidad de padre transmisor de la necesidad de esforzarse y trabajar, no por notas, si por el deber de uno mismo de cumplir con sus obligaciones. Además, si como es mi caso, tienes un espíritu crítico un poco exacerbado excuso decir la cantidad de contrariedades por las que tienes que pasar cuando tienes entre tus manos valoraciones que piensas no hacen justicia al esfuerzo de tu hijo como alumno, o lo que es peor las cuestionas por poco objetivas o mal estructuradas, o distanciadas de las habilidades y conocimientos. Bueno, es otra de las múltiples situaciones en las que te pone la vida, en las que debes minimizar tu punto de vista de madre y acomodarte a la cantidad de factores que inciden en la vida de tu hijo que si pudieses mejorarías pero esto último es muchas veces ajeno a tu voluntad. ¡También es saludable aprender a tolerar la frustración!

   Evaluación como parte importante del proceso educativo, como instrumento para el educador, guía de modificaciones y orientaciones en la práctica educativa, como referencia para el alumno de los resultados de sus responsabilidades, aprendizajes y actitudes…y gloria o martirio de padres y familias.

   De cualquier manera, ¡ánimo! y que los resultados sean siempre los que les ayuden a formarse como personas capaces.

Nota: hoy alguien tiene que demostrar su capacidad, NO, su superioridad. ¡La selección española!. ¡A por ellos!

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