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   ¡Ando de médicos! No, no me encuentro mal. Estoy blogueando por los artículos pediátricos que por su contenido nos pueden afectar.

   Nuest@s niñ@s tienen un escaso desarrollo del sistema inmunológico y la enfermedad es la bestia negra de la Escuela.

   Siempre he dicho que los pediatras, en el ejercicio de su labor entran en conexión directa con la nuestra. Su cliente/paciente es nuestro cliente/alumno. Y aunque sé de la imperiosa necesidad que se tiene de ellos, también, o quizá no obstante, en multitud de ocasiones he cuestionado su perspectiva del mundo infantil.

   Los cambios sociales y de hábitos han modificado el rol de la mujer, antes ama de casa ahora ama de casa/profesional. También los niños desde temprana edad han pasado a ser atendidos en escuelas y ya un amplio sector social reconoce su derecho a una educación infantil de calidad.

   Esta incorporación temprana afecta de forma negativa a la salud de los niños. ¡Esto es un hecho! Los colectivos profesionales que estamos involucrados en el desarrollo de los pequeñitos tenemos la obligación de estudiar los “por qués” e intervenir para modificar el entorno, pautas y hábitos en aras de evitar al máximo la probabilidad de enfermar y promover su salud.

   En las escuelas debemos cuidar el ambiente -temperatura, luz, aireación, higiene- evitar aglomeraciones, mimar la alimentación, adoptar hábitos favorecedores de salud…y compatibilizar el buen desarrollo de nuestros niños con las pautas que nos vienen de fuera del control y cuidado de sus respectivos pediatras.

   Creo que los médicos de atención a la primera infancia deben contemplar la enfermedad teniendo en cuenta que el niño es un ser total que se desenvuelve en un entorno. Es necesario que se haga una pediatría social que contemple la realidad actual, del niño actual y no tratar puntualmente síntomas o enfermedades sin tener en cuenta que los niños están en escuelas y sus padres trabajan.

   Desde mi punto de vista hay que potenciar tratamientos que permitan al niño fortalecerse y evitar esos otros que solucionan en lo inmediato y fastidian a la larga.

   En la escuela somos espectadores de la vivencia de los niños en su relación con los médicos. Y normalmente se enfrentan a dos diagnósticos, el del médico/familia y el del médico/escuela. Durante muchos años he visto como no siempre coinciden los diagnósticos. También la tendencia de los adultos a apuntarse al que suena más negativo y con tratamiento más agresivo.

   Del sumatorio de estas experiencias se sacan conclusiones, algunos diréis desde la falta de conocimientos médicos, pues sí, pero también desde la constatación irrefutable de los hechos. Vemos que todos esos planteamientos que hace Jesús en su artículo se ajustan, refrendan mejores resultados a la larga.

   Evitar el exceso de antibióticos, no poner tapones con dietas astringentes en las gastroenteritis, dejar que la fiebre haga su trabajo como instrumento de defensa frente a virus y bacterias, que los jarabes antitusígenos también le quitan al organismo esa herramienta “despegaflemas” que es la tos y además les deja el estómago inapetente con lo que nos quedamos sin el beneficio de la alimentación como lucha contra la enfermedad…

   Imagino que llevar a cabo esta práctica médica no siempre es comprendida, implica valentía y mucha pedagogía. Las ideas no cambian rápidamente y modificar formas de hacer, planteamientos mantenidos en el tiempo es difícil.

   Si os vale mi experiencia, mi consejo es mantener la mente abierta y someter algunos de esos planteamientos a revisión.

   Los niños se crían en las escuelas ¡atentos médicos ! y necesitamos enfoques que ayuden al fortalecimiento de sus organismos, y eviten tratamientos agresivos que a la larga deterioran sus pocos instrumentos de lucha frente a las enfermedades y meten a los pequeñitos en espirales de las que es difícil salir.

   Ahora os dejo con el artículo de Jesús, naturalmente nos distancia el rigor de lo científico, pero no quería dejar pasar esta oportunidad para dar mi opinión sobre este tema. 

Qué tiempos aquellosPosted on 9 Septiembre, 2010 by jesus martinez

A diario aparecen remedios para una u otra cosa que parecen milagrosos y perduran en el tiempo como el gran invento del siglo, así hasta llegar a nuestro días en los que se sigue usando con gran afán. Pobre de aquel que no cumpla la tradición y no lo utilice.

Medicinas curalotodo como la heroína o la talidomida o tratamientos como la lobotomía el electroshock y las sanguijuelas, que podrían haberse mantenido hasta llegar a nuestra era informatizada y 2.0 si no se hubiera cruzado en el tiempo alguien con la suficiente curiosidad para observar, estudiar y comparar sus efectos y su utilidad, llegar a unos resultados comparables y estandarizados para afirmar que lo que se estaba haciendo desde tiempo inmemorial era una barbaridad o simplemente no valía para nada.

Esta reflexión bajando a nuestro entorno, es aplicable a muchas cosas que se hacen o se piden hacer día a día y que no tienen fundamento científico ni basado en evidencia o en pruebas, sólo se hacen porque siempre se han hecho.

Dietas para la diarrea que ya hablamos en otro post. Vitaminas para abrir el apetito o en los bebés para que se cierre la fontanela, como si se pudiera quedar abierta. Jarabes para la tos o los mocos. Antitérmicos en sobredosis para atacar las defensas del organismo como la fiebre con una agresividad y obsesión propias de una fobia, ya hablaremos de la fiebrefobia. Drenajes en los oídos, quitar anginas y vegetaciones, operaciones de fimosis innecesarias. Papeles para todo, certificado para poder ir al colegio, para no ir al colegio, para jugar en el colegio, para darle medicinas…..

En algún momento habrá que retomar todas estas manías y con el fundamento científico debido decir que NO. No sólo que la heroína y el tabaco es malo, sino que es malo repetir idioteces, que la única razón de ser que tienen es que siempre se hicieron de la misma manera.

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