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    Hoy ya no es ayer. Veíamos la teoría, a unos más, a otros menos, pero se nos suele dar bien.  Ahora, viene lo complicado, la práctica.

    En el artículo anterior veíamos al bebé con lo que “trae puesto” a este mundo. Ahora nos volvemos a dar un paseo por ese primer año de vida, haciendo un relato de nuestra interacción (la de los adultos) con él.

    ¿Qué come un bebé? Ya en algún artículo hemos hablado de la alimentación en la escuela. Hoy centro el interés en la comida de los chiquitines. Cuando llegan a la escuela, una vez finalizada la baja maternal. La mayoría ya han iniciado el destete y son alimentados con leches artificiales. Algunos tienen lactancia mixta, con el considerable esfuerzo que esto les supone a sus madres (jornadas laborales extensas nada facilitadoras para compatibilizar), y los menos con lactancia materna exclusivamente. Para estos niños, sus madres deben sacarse la leche con anterioridad, congelarla y traerla a la escuela (esto ya es de medalla al mérito)

    En esta etapa el  horario de comida viene determinado por sus ritmos biológicos y la pequeña adquisición de regularidad en horarios que hayan adquirido desde su nacimiento. Las pautas que seguimos son las de sus respectivos pediatras (no voy a volver a comentar lo que a veces pensamos de sus pautas porque más de uno me va a coger manía) hemos pasado por la moda de la lactancia a demanda y últimamente parece que ha remitido algo, de lo cual nos alegramos.

    El resto del primer año de vida es una continua incorporación de distintos alimentos y sus correspondientes aprendizajes. Todos sabéis ya, porque al principio de curso os facilité un documento, Carta_alimentacion, que siempre tenéis a vuestra disposición en la página de la escuela, cómo es la secuencia de estas incorporaciones. Por eso me la voy a saltar. Pero si quiero reseñar la importancia de la constancia y la paciencia al enfrentar cada una de las novedades en la alimentación. En el artículo anterior veíamos como están más contentos con unos sabores que con otros y también que son conservadores en sus gustos, tardan en acomodarse a las novedades. Es por ello importante que sea el adulto el que asuma la decisión y desarrolle una buena estrategia para conseguir que  coman y además con agrado, las papillas de frutas y de verduras. Esos gestos, guiños, de los niños cuando comen por primera vez la fruta no siempre quieren decir que no les guste el plátano o la naranja…no hay que empezar a quitar ingredientes y explorar todas las variantes posibles de papillas. Suele ser extrañeza ante un sabor, una textura, una temperatura nuevas. Y lo expresan como saben con gestos. No se debe desistir, el aprendizaje lleva su tiempo. Hay que poner cara de que no pasa nada y con paciencia ponerse todos los días, unos comerán una cucharada, otros dos, otros… hasta que lo consigamos. Debemos enseñar a comer, no sólo dar de comer.

    Hay que dar el biberón en su momento, pero también saber pasar a la cuchara. Es la incorporación de las papillas el momento idóneo para comenzar a sustituir. Hay que llegar al año como lo que son, unos campeones capaces de comer con cuchara y ya en los prolegómenos de iniciarse en la comida entera.

    Y otro aspecto que también quiero abordar es el de los modos de comer. Los hábitos se adquieren por la repetición, lo malo es que se adquieren tanto los deseables como los que no lo son tanto. Cuesta el mismo trabajo enseñar bien que mal, pero si enseñamos mal las consecuencias son más difíciles de corregir.

    Hay que cuidar el ambiente en la comida, que sea tranquilo. El niño merece una comida relajada en la que su atención esté puesta en los alimentos y el placer de tomarlos. Hay que cuidar la postura, en la escuela, los bebés de 4 meses comen en brazos, a los 5 ó 6, con la incorporación de papillas, comen en sus tumbonas, sobre los 8 meses, en tronas y a los 12 aproximadamente en sus mesitas. Hay que evitar ir con la cuchara llena corriendo detrás del niño.

    Y sobre todo hay que cuidar los ingredientes, a partir de los seis meses el niño necesita una alimentación que no sea sólo leche. Deben comer verduras, frutas, carnes y pescados, lo más variado posible. Si insistimos en los megabiberones, les quitamos el apetito de estos otros nutrientes, ya imprescindibles para su crecimiento. ¡Ah! no os olvidéis del tema cantidad, ¡siempre que damos de comer estamos educando en comer! Esas cantidades que no me canso de criticar, que dejan a los niños hasta las orejas, eliminando número de tomas al día, pueden ser el inicio de futuros problemas de obesidad. No hay que enseñarles a desbordarse comiendo, sino a comer lo justo y suficiente ¡no más!

    Seguimos. ¿Cómo duermen? Cuando escribo parece que nosotras no hacemos nada mal, que todo es correcto. Pues mirad, es que al menos esa debe ser nuestra tendencia, equivocarnos lo imprescindible. Es nuestra obligación, como profesionales de la educación por el compromiso que hemos contraido con vosotros, con los niños y con nosotras mismas.

    Así pues, aquí también aprenden a dormir bien. No hay nada milagroso en conseguirlo, sólo pautas muy claritas y que dejan al niño sin más alternativa en los momentos de descanso. Hacemos un ambiente previo favorecedor de la relajación, no mucha luz, no juegos que les exciten, si música relajante, y … siempre se les dice que van a descansar porque es necesario y cada uno a su cunita (los bebés), los mayores ya os comentaré que las pautas son las mismas pero a partir del año duermen en camitas. Sólo usan chupete los niños menores de 18 meses (para dormir) al principio de curso es cuando más problema tenemos para conseguir que descansen porque cada uno viene con su aprendizaje puesto y esto les da más o menos autonomía para dormir. Pero tardamos no más de una semana en modificar hábitos si así se requiere. Os lo cuento no para darnos un baño de vanidad y éxito, sino para que veáis que corregir hábitos no es imposible, a veces los adultos nos ponemos barreras que en la realidad del niño luego no existen.

    El descanso de los bebés es necesario. si un niño no duerme bien tampoco luego está bien despierto. Aquí me gustaría hacer la reflexión que hacíamos con las cantidades en la comida. Cuando dormimos a los niños estamos creando todo un hábito de sueño, con trascendencia, en algunos casos para toda la vida. Si no queréis mirar tan lejos, hacedlo a más corto plazo,  la etapa escolar. Los niños necesitan descansar bien para aprender bien.

    Tanto en la comida como en el descanso los niños agradecen la rutina en los horarios. Sólo dándoles regularidad los peques podrán anticipar la actividad y prepararse para ella.

    Mañana más…

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