Cómo llegamos a la E.I. Gran Vía

   “Queridas amigas y amigos os envío la primera foto de nuestro hijo

   Ignacio que nació el 23.03.08 a las 7.15h pesando 3640gr y midiendo 52.5cm. Es una preciosidad como vais a poder comprobar. Estamos muy bien, yo desbordada emocionalmente ya que ha sido una experiencia extraordinaria y muy intensa.

   La llegada a casa no podía haber sido mejor. Víctor, su hermano mayor ha respondido extraordinariamente bien, explorando a su hermanito, observando cada detalle y respetando el silencio que necesita para descansar. Realmente estoy muy orgullosa de mi familia. Os envío también la primera foto de los hermanos.

   Quería aprovechar esta ocasión para agradecer los mensajes de bienvenida que me habéis enviado y por respetar nuestro espacio dándonos tiempo para conocernos mejor.

Un abrazo”

                          

Así comunicaba y agradecía la llegada de nuestro 2º hijo: Ignacio, un regalo de la vida.

                     

Para él, queríamos una crianza basada en el respeto a todas sus necesidades, y cuando me tuve que incorporar al trabajo, después de que él cumpliera los 6 meses, contratamos a una señora que le cuidara. En honor a la verdad, lo hizo con amor y dedicación, hasta que los intereses económicos “contaminaron la relación” y decidió dejarnos de un día para otro, después del 1º cumpleaños de nuestro pequeño. ¡Creí que me moría!, esto sucedió un miércoles. Solicité una excedencia en mi trabajo (que afortunadamente mi jefa no cursó)

   Tras un mar de lágrimas, decidí disfrutar de mis dos hijos, llevando al mayor con tranquilidad al cole y disfrutando del peque en casa. El jueves, una de las profesoras del Colegio las Naciones, se fijó en que no salía corriendo como todos los días y que llevaba a Ignacio en brazos. Se interesó por la situación y al comentarle lo sucedido me habló de la Escuela Infantil Gran Vía. Llamamos a Marisa, su directora, y al día siguiente nos entrevistó.

   El viernes nos enseñó la escuela, preciosa. Nos explicó el proyecto y respondió a todas nuestras dudas, pero lo más importante, aceptó que Ignacio comenzara a mitad de curso.

   Confieso que al principio nada me parecía bien, la adaptación fue mucho peor para mí que para mi hijo. Las expectativas que yo había puesto en la crianza de mi hijo se habían visto truncadas y esto no me gustaba nada. Poco a poco, me fui integrando, aceptando y disfrutando de todo lo que nos rodeaba. Nuestro hijo, aprendía, se lo pasaba bien, estaba contento.

   Aun así, como madre me sentía fatal, no había mi promesa interna en relación a la crianza de este hijo y me sentía muy insegura como madre. Para terminar de arreglar la situación, Marisa con toda su buena intención, me cuestionó mi decisión de amamantar a mi hijo hasta su destete espontáneo, otro de los pilares de mi crianza. Me derrumbé, tuve que consultar con una colega y amiga, Bettina de la liga de la Leche, que atendió mi demanda durante aproximadamente 2h de teléfono, me escuchó, me consoló y me ayudó a colocar cada cosa en su sitio dentro de mi cabeza.

   Me vino de maravilla que todo esto ultimo coincidiera con el paréntesis de las vacaciones. Tomé oxigeno, reflexioné sobre mis prioridades, mis decisiones y mis deseos y al inicio del nuevo curso,  les entregué un mini dossier con los beneficios de la lactancia prolongada y creo que este acto dejó claro cuales eran las prioridades para ambas partes.

   Tengo que decir que el curso con Nines, fue una delicia, una maravilla. Contar con ella y con Marisa cada día, para compartir los progresos, las bromas, las cosas buenas, los mocos, las malas noches, todo.

El “destino” no me podía haber guardado nada mejor.

   La Escuela Gran Vía es una escuela donde el amor y el respeto son una seña de identidad. Verdaderamente los niños crecen aprenden todo lo que deben para su momento evolutivo, pero lo principal para mi, es que lo hacen en un clima sano afectivamente.

   Este, último año con Macu, todo apunta que será igual o mejor que el anterior. Nuestro Ignacio está en la mejor edad. Está para comérselo, aprendiendo y sonriendo cada día, aunque la despedida aun nos cuesta un poco, a los dos.

   Gracias, Marisa por habernos dado esta maravillosa oportunidad de crecer.

   Un beso.

Marina, la mamá de Ignacio López.

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