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   Cosas de la edad.

En este periodo están hechos unos pequeños científicos. Todo el mundo por conocer y ellos con una disposición inmejorable, con acciones y alternativas, con el método infalible de ensayo/error…por el puro placer de explorar.

Teniendo siempre en cuenta que cada niño evoluciona a un ritmo diferente, seguimos con el recorrido que iniciamos con el artículo Bebés (1).

     Desarrollo motriz.

¡Mira cómo camino, corro, salto, trepo! Aún no domino las curvas y tampoco parar repentinamente en la marcha. Por eso, a menudo, me caigo y me choco.

Ha habido un progreso grande en el desarrollo psicomotor, sus movimientos están encaminados al conocimiento del propio cuerpo y a manejar objetos.

–  Jugamos a imitar los movimientos de animales. ¿Qué os parecen gatos, perros, serpientes, en cuclillas como los pollitos…?

–  Hacemos circuitos. La mesa, las piernas del adulto, saltamos líneas pintadas, nos metemos dentro de un círculo dibujado en el suelo…

–  ¿Y una carrera? o mejor jugamos con la pelota, la lanzamos, le damos una patada, o quizás mejor al corro…

  También “un pilla, pilla”, o a subir y bajar escaleras, juegos de identificación de partes del cuerpo:

_  Amasamos, pintamos, tapamos y destapamos, enroscamos, pegamos, arrugamos…

_ Escondemos partes del cuerpo, “mi ojo está escondido, nadie lo puede ver, ahora te lo enseño, cuando cuente tres. Una, dos y tres”. repetimos con nariz, oreja, la boca, la lengua…

_ …y ¿por qué no? también con juguetes de arrastre, cochecitos ¡estimulando el movimiento!

   Lenguaje.

Hasta ahora el niño ha ido conociendo los objetos, primero directamente, luego sus imágenes, ahora toca vocabulario ¡para denominarlos! En esta edad hay variaciones importantes de unos a otros, desde el vocabulario reducido, a las casi doscientas palabras, al llegar a los dos años. A los dieciocho meses ya emiten dos o tres palabras (nombres, verbos, adjetivos), al final del segundo semestre de este año, también artículos, preposiciones y pronombres.

–  La música es un lenguaje que encanta a los niños. Podemos compartir con ellos sus canciones favoritas.

–  Vemos fotografías de la familia, le pedimos que se reconozca y diga su nombre o el de papá, el de la abuela… A esta edad suelen utilizar la tercera persona para referirse a sí mismos.

–  ¡Que no nos falten! Cuentos y libros de imágenes. Les gustan los que hacen referencia a sus acciones, porque así se identifican y comprenden mejor lo que les contamos, y si además de las ilustraciones tienen texturas para experimentar, o sonidos ¡Guay! También, los de animales. Ya prestan atención durante cuatro o cinco minutos.

–  Hablar, hablar y hablar. Describir al niño nuestras acciones, hacerle preguntas “¿quieres naranja o manzana?, ¿Daniel es grande o pequeño?”

–  Es divertido hacer juegos de soplar, ejercicios de lengua (intentamos tocar la barbilla, también la nariz), repetir sus palabras de forma clara y mostrándole el movimiento de nuestros labios…

–  Ahora recitamos retahílas:

Saltaban, saltaban

saltaban los conejos.

Saltaban, saltaban

y no se mojaban.

Nadaban, nadaban,

nadaban los patos.

Nadaban, nadaban,

y no se mojaban.

   Social.

Toma conciencia de sí mismo, capaz de transmitir sus deseos y necesidades. Utiliza la negación para expresar su voluntad, se opone al adulto e intenta modificar situaciones. Expresa sus emociones de forma explosiva, juega solo pero también participa en actividades grupales. Le cuesta compartir. Hacia los veinticuatro meses ya tiene conductas de colaboración y simpatía hacia otros niños, pero también es egoísta y celoso. Intenta hacer prevalecer su voluntad mediante la terquedad las rabietas. Lo que le interesa es atraer la atención de los demás.

–  Motivar al niño para que exprese sus necesidades, deseos y preferencias. Al principio, lo hace con gestos, le haremos preguntas al respecto, le indicamos la expresión verbal. “Quiero agua”, “estoy enfadado”, “pis”…

–  Invitamos al niño a hacer pequeños recados y respetar normas básicas, “coge tu pijama”, “espera tu turno”…

–  Promover situaciones comunicativas y sociales, respetando normas básicas de convivencia, aprovechando los distintos sentimientos, de alegría, de enfado, para hablar sobre ellas, ayudarle a identificarlos y expresarlos. Su deseo de agradar y sentirse aprobados ayuda al desarrollo de las habilidades sociales.

–  Facilitar el juego con otros niños, alabando sus comportamientos afectuosos y corrigiendo conductas que sean conflictivas. Compartir, intercambiar, colaborar, solidarizarse, mostrar simpatía y cariño… ¡Vaya verbos guays para enseñar a los pequeñitos!

–  Actividades exploratorias y de relación con el entorno, cuidamos las plantas, valoramos los ambientes limpios “los papeles a la papelera”…

Despedirnos, saludar, las palabras, los gestos… ¡adiós, un besito!

   Desarrollo cognitivo.

A esta edad les encanta experimentar, preguntar, manipular, armar y desarmar, recuerdan información, repiten las acciones muchas veces, introducen variaciones y experimentan. Comen solos la mayoría de los alimentos, colaboran en el vestirse y desvestirse, ya evitan algunos peligros de situaciones conocidas. Imitan trazos verticales y horizontales, encajan piezas en un tablero de formas, hacen pares de objetos semejantes… ¡Aparece el simbolismo!

   ¡Vamos a jugar! Ensartamos bolas en un cordón, encajamos formas, construimos torres, buscamos un objeto escondido…

   Seguimos jugando, ahora pintamos con dedos, con esponjas, con pinceles, con ceras…

–  Garabateamos, hacemos trazos horizontales, verticales… Manipulamos plastilina, arcilla. Doblamos papel, lo arrugamos, rasgamos.

–  Juegos de imitación de las actividades cotidianas, en el super, en casa haciendo la comida, en el coche de viaje… construyen y deconstruyen el mundo que les rodea para conocerlo y entenderlo.

–   ¿Y los hábitos? Ya conocéis lo que nos gusta favorecer la autonomía de los niños. Es el día a día, la constancia, la paciencia y el cariño, los que consiguen que adquieran la independencia del crecimiento. En la alimentación, el vestir, el descanso y la higiene. ¡Toda la energía que escatiméis en su debido momento será usada en vuestra contra! Y el niño tiene derecho a que se le reconozcan sus capacidades. Ya pueden comer solos y comidita entera (de la rica), en la mesa con el resto de la familia y aprendiendo “buenos modales” (me lavo las manos, no me mancho, uso cubiertos, aguanto sentado toda la comida, no pongo reparos a conocer alimentos nuevos, me lavo los dientes)

En el vestir, si se lo permitís, veréis qué disposición.¡Es la hora de…! Hay que buscar el pijama y desvestirse ¡venga, primero se saca este brazo…!

El descanso, necesitan dormir como el comer. Y dormir, a parte de una necesidad, también es un hábito que se adquiere bien o… En su cama (por favor cama, ya no es un bebé), con su cuento leído o contado por papá o mamá, los mimitos y ¡a dormir!

La higiene, el lavado de manos, de dientes, el baño…ya todo tiene su hora en la agenda del niño. Y además de la rutina ¡a aprender lo satisfactorio de hacerlo y hacerlo bien)

Estamos en un momento especial, ya preparados para el control de esfínteres. Algún artículo he escrito en este blog, pero lo abordaré de nuevo porque el primero era muy teórico y me gustaría volver a ello haciéndolo más práctico.

No puedo seguir, cada día hago artículos más largos. Pido disculpas. Tengo un problema ¡me encanta hablar!

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