Maternidad. Picasso.

Hay determinados temas que el abordarlos implica, necesariamente, un posicionamiento. A veces, no porque tú así lo desees, sino porque las tendencias, los movimientos sociales, te sitúan a un lado o a otro de lo bien visto, de lo saludable, de lo correcto.

   No voy a entrar en la polémica sobre el artículo de El Mundo. No es ese mi objetivo al escribir hoy, pero tengo claro que decir lo que pienso me va a encuadrar, espero que no encasillar. Y lo espero porque mi opinión es contradictoria con la de dos personas que han adquirido cierta relevancia en mi vida: Marina Monzón, persona a la que quiero y respeto y José Cristóbal Buñuel Álvarez, autor del artículo Sobre “Madre o Vaca” (acerca del reportaje del suplemento semanal del diario “El Mundo”), al que no conozco personalmente pero que desde hace un año sigo con verdadero deleite en sus publicaciones semanales del blog “Pediatría basada en pruebas”. Y por el que también siento un gran respeto por sus opiniones rigurosas y a la vez sensibles y cercanas.

   He leído con calma lo publicado. La lactancia materna, también adscrita al vapuleo de modas, tendencias, incluso intereses comerciales. A mí me interesa su aspecto de beneficio para el niño. Pero cuando digo niño, no me refiero a un “ente” considerado de forma aislada. Estudiado, en laboratorio y con variables que le afecten controladas por el examinador. Me refiero al niño/hijo, y casi en su totalidad, niño/alumno de escuelas infantiles. Al niño de hoy, inmerso en un grupo social mucho más amplio que el núcleo familiar. Sí, porque una visión no social de su realidad es defectuosa, carente de anclajes, irreal.

   Las madres tenemos, ahora parece ser que van a ser 20 semanas de baja maternal. Los efectos beneficiosos de la lactancia materna ni se me pasa por la cabeza cuestionarlos pero de ahí a mantener “a capa y espada”, los dos años de lactancia, porque sólo así se atiende bien al niño, va un abismo.

   No tener en cuenta que el niño es hijo de una madre con proyección laboral no favorecedora de periodos de baja largos, implica, muchas veces generar en las madres, sentimientos de culpabilidad que tampoco son saludables para el vínculo materno/filial (puestos a considerar hay que medirlos todos).

   No tener en cuenta que ese niño suele ser alumno de escuela infantil, también es ver por un solo ojo.

   Yo he visto casos (muchos) en los que la necesidad de superar el complejo de culpabilidad incita a medidas emocionales, poco o nada racionales, como dar numerosas tomas por la noche que impiden la correcta alimentación, de día, en niños de más de seis meses. También como niños que maman de sus madres con 18 y 24 meses se encuentran en la contradicción del uso de cubiertos para comer la comida entera de la escuela (bebé/niño)

   No me quiero meter en la cuestión psicológica y mucho menos en la emocional. Que si eres mejor o peor madre de un modo u otro. No es mi trabajo hacer esas valoraciones, ni me considero en el derecho de hacerlas. Cada una sabe cómo quiere a su hijo e intenta darle lo mejor de sí misma. A veces, esto pasa por reducir la lactancia materna a los seis u ocho meses en beneficio de una vida más llevadera, más armónica. He tenido tres hijos mamando (sólo una mujer sabe lo que es), con dolor unas veces (sólo una mujer sabe lo que es), otras con inmenso placer (también sólo una mujer sabe lo que es).

   Lactancia materna SI, con pautas acordes a la vida familiar y en función de la necesidad que la interrelación madre/hijo/entorno posibiliten. Lactancia materna generadora de sentimientos de culpa o incitadora de mala educación en las pautas de alimentación NO.

   Quisiera no ofender a nadie con la expresión de mi opinión. No es esa mi intención. Soy educadora del 0-3 y he considerado imprescindible decir lo que pienso.

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