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Mujer Mamífera. Por Marina Monzón.

 


    Qué gran equivocación me parece mezclar churras con merinas. En mi opinión, artículos como madre o vaca intentan confundir lo que significa la maternidad con la opción del amamantamiento.

   No es el hecho de amamantar lo que hace que tengamos ojeras, menos vida social y estemos cansadas. Es el hecho de tener un hijo lo que cambia nuestras prioridades. Cuando una mujer es madre, generalmente, trata de cubrir las necesidades de su bebé, y esto es muy cansado, para eso tenemos el descanso maternal, ya sea que demos leche materna o fórmula.

   Cuando se alega que podría haber un mensaje oculto en la promoción de la lactancia para que las mujeres se queden en casa, les diré que lo que yo creo es que “divide y vencerás”. En mi opinión el mensaje de artículos como este es separar a las mujeres porque tienen demasiado poder y si seguimos así….

   Qué quiero decir: una mujer que es capaz de gestionar la economía de su casa, cocinar comida casera, comprar en un mercado tradicional, además ocuparse de tareas como gestionar las cuentas bancarias, inversión de su pequeño capital, control del gasto familiar, cuidar de uno o dos hijos, jugar con ellos, ocuparse de apoyar en las tareas escolares y extraescolares, educarles para la vida,  sentir que es una buena compañera para su pareja, amiga de sus amigos y una excelente trabajadora que se recicla como su cargo laboral requiere, que además forma parte de grupos de trabajo y de interés social, es hablar de mujeres con una gran capacidad, mujeres inteligentes, mujeres emocionalmente competentes. No estoy describiendo ningún ideal, me describo a mí misma que soy enfermera, madre lactante de un niño de 32 meses y de otro de 7,5 años, esposa, amiga, hija, hermana.  Confieso que hay momentos en los que no me siento demasiado satisfecha en alguno de mis roles, pero antes de tener hijos también me sucedía esto. Ahora han cambiado mis prioridades y sacrifico tiempo de sueño. Cuando mis hijos se han dormido, leo, estudio, escribo, en definitiva hago lo que me gusta.

   Me doy cuenta cada día, de que hay tiempo para todo aunque muchos se empeñen en decirnos  que no hay tiempo para nada, nos quieren tener ocupados en otras cosas, sobre todo en cosas que impidan que   pensemos por nosotros mismos.

   Hay a quien debe interesarle demasiado que las mujeres no se den cuenta de lo que son sexualmente hablando. De qué características hacen que una mujer se sienta mujer. Como experta en educación sexual puedo afirmar que uno de los procesos que más sexúa a la mujer es el embarazo, el parto y la lactancia. Solo la mujer puede vivir, experimentar estos procesos y solo cuando es traspasada por ellos de una u otra manera su percepción de sí misma cambia. Con esto no quiero decir que la única manera de sentirse mujer sea a través de la maternidad. Simone de Beauvoir, nunca tuvo hijos y era una gran mujer con una vida plena. En su libro “el segundo sexo” habla de cómo la mujer necesita ser “madre” entendiendo este concepto como creadora.

   Ciertamente las mujeres hemos cuidado tradicionalmente de los hijos y de los mayores, hemos sido educadoras, enfermeras, corredoras de fondo, analistas de mercado y equilibristas. Y qué, cuál es el problema.

   Yo no quiero ser una súper- mujer, quiero sentirme bien siendo quien soy, con las decisiones que tomo a pesar de que haya quien me tilde de vaca por lactar a mi hijo cuando simplemente me dejo llevar por  mi innegable naturaleza mamífera. Me dejo llevar por ella, disfruto del abrazo, del encuentro que tengo en cada toma con mi pequeño y exploto una herramienta que le produce calma inmediata, sea lo que sea, lo que le pase, le tranquiliza, le induce a un sueño más profundo y duradero, le confiere una inmunidad muy superior a cualquier complejo probiótico del mercado. Esto me empodera, me da una tranquilidad enorme, aumenta mi autoestima, mi capacidad para maternar. Quizá el problema sea del mercado. Una sociedad donde todo se compra, donde parece que si no se consume no se existe. Esta sociedad no se puede permitir, mujeres que sienten que ellas son proveedoras de un recurso excelente, que eleva el nivel de salud y de inteligencia de la sociedad. El mercado necesita que compremos productos que hacen lo mismo, bueno, mejor dicho que quieren hacer  lo mismo que nosotras hacemos por naturaleza. ¡¡¡¡Ya está bien de tanta mentira!!!!  Las mujeres no somos tontas.

   El artículo comienza con una experiencia negativa y esto no es casualidad. Incluso cuando habla de una experiencia positiva lo hace vinculada a una situación de trabajo en casa. Trata de culpabilizar al sector médico que según la escritora, se inmiscuyen en las decisiones de las mujeres. En mi experiencia como enfermera y consultora de lactancia, trabajando con madres, mujeres que desean lactar, encuentro que  las mujeres que buscan desesperadamente a alguien cualificado que les ayude cuando tienen una dificultad y en múltiples ocasiones la dificultad es la presión social para que dejen de hacer lo que más desean hacer, criar a su hijo de forma natural, lactándolo. No se olvide usted que estos informes que acreditan científicamente los enormes beneficios de la lactancia para el bebé, para la madre, para la sociedad y en definitiva para el mundo hablan de que las mujeres tenemos en nuestras manos hacer un mundo mejor. Quizá viviendo cómodamente en España, una mujer pueda elegir entre su propia leche y la de cualquier casa comercial, Yo misma he sido alimentada con leche de bote, pero en muchísimos lugares del mundo, no son tan afortunadas, y ni siquiera tienen agua potable. Si a estas poblaciones vamos, como de hecho ya ha sucedido, con nuestra moda de “botes”, les estamos haciendo un flaco favor. No tienen cómo potabilizar el agua, cómo hervir los biberones y cómo comprar esa leche de vaca en polvo y sus hijos se muren deshidratados o desnutridos. Las verdaderas consultoras en lactancia, respetan las decisiones de las madres, las apoyan en la crianza de sus bebés en aquellos momentos en que más lo necesitan, sin presiones, sin prejuicios. Los valores éticos que manejan son los de las madres, no los propios y esto no sucede en todos los sectores de la sociedad sanitaria. Si una madre decide lactar con propia leche se la apoya y si decide hacerlo con formula también, ella siempre tiene razones de peso y nadie es quien para cuestionarlo. También es nuestra labor que las mujeres tomen decisiones informadas, explicar y demostrar que entre el blanco y el negro hay una gran escala de grises que nos enriquece a todos. Cuando la educación sanitaria es eficaz se comprueba con gran satisfacción que la población que acude a los talleres con sus 2º o 3º hijos, lo hace para mejorar experiencias previas, para resolver aquellas situaciones que dejaron sabores amargos. La vinculación “buena madre o mala madre” al hecho de lactar o no es empobrecer la maternidad, por lo que rechazo estas expresiones con toda contundencia.

   Toda mujer tiene el derecho a criar a sus hijos de acuerdo a sus creencias, valores, emociones, preferencias, sean cuales fueran y cuando no puede hacerlo por cualquier motivo, se siente mal. Tiene derecho a sentirse mal por no haber conseguido hacer aquello que deseaba y tiene derecho a expresarlo. Desde el lado por donde yo veo esta cuestión, comparto con Carlos González, que son más las mujeres que se ven presionadas a abandonar la lactancia que a iniciarla y ambas merecen el máximo respeto.

   Respecto al papel del padre, lo tiene y es importantísimo. No creo que un padre sea mejor o peor si da biberón a su hijo o no. ¿Desenfocamos con intención para que no nos fijemos en el verdadero sentido que tiene un padre dentro de la familia? Chirria en mis oídos eso de compartir al 50%. Creo que si las cosas van bien, si hemos elegido bien a nuestra pareja, cada uno tiene su lugar, su función y su distribución de las tareas en función del momento histórico que viven en pareja y/o en familia.

   No descubro nada, si afirmo que cada uno puede contar un mismo hecho histórico argumentando su postura y la contraria. La historia es la que es y según quien nos la cuente así pensamos. La clave está en escuchar a muchas voces y además contrarias para poder hacer un juicio, una opinión. Y la lactancia, como muchos otros temas, está en boca de muchos pero pocos saben lo que dicen.

   Las mujeres pedimos a los gobiernos la protección de la lactancia, no para quedarnos en casa, sino precisamente para lo contrario, para no tener que elegir entre profesión y maternidad. Queremos ser excelentes profesionales y también vivir plenamente la infancia de nuestros hijos y desde mi propia experiencia afirmo que esto es posible aunque el camino no es fácil, está lleno de recompensas.

 

Marina Monzón Torres

28/10/2010

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