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   Del maravilloso espectáculo que supone ver aprender a un niño, uno de los aprendizajes más emocionantes, es el del lenguaje.

  El recién nacido, viene a este mundo como dice José Antonio Marina, con un cerebro del Pleistoceno (momento en que se le supone la última mutación). A partir de ahí, la herencia (código genético), el aporte alimenticio y las recepciones sensoriales conformarán su desarrollo, para ser un individuo capaz de enfrentar los retos de la sociedad del siglo XXI.

   El aprendizaje está influido por factores genéticos, que considerados como órdenes o tendencias se pueden ver o no cumplidas dependiendo de que se les permita expresarse. Pero los factores genéticos no bastan, la experiencia es esencial. Me explico, de la papilla alimenticia que facilitemos al organismo, de la papilla sensorial que facilitemos a través del medio al cerebro, el niño  será “lo que hereda” más “lo que recibe”.

   Os hago esta pequeña introducción porque me parece vital que no se nos olvide que somos arquitectos del desarrollo infantil.

   Dice Bloomfield “la adquisición del lenguaje es sin duda, el mayor logro intelectual en la vida de un individuo”.

   Doman, dice, que si un adulto quiere conseguir rápidamente un complejo de inferioridad, lo único que tiene que hacer es competir con un niño en una prueba de aprendizaje de lenguas. ¡Todos los niños son genios de la Lingüística! Para un niño nacido hoy, el español es una lengua extranjera, cuando tiene un año, entiende mucho y está empezando a decir sus primeras palabras. A los dos, lo entiende prácticamente todo y tiene una capacidad rudimentaria de hablarlo. A los tres, entiende y habla perfectamente de acuerdo con su entorno.

   Este aprendizaje comienza antes del nacimiento. En el primer trimestre de vida se puede decir que hay homogeneización entre niños de distintas razas y países, en sus producciones verbales:

  Desde su primera señal comunicativa con su llegada al mundo respuesta a su sed de oxígeno y reacción ante la primera experiencia de angustia, el grito, el llanto, las reacciones elementales orientándose hacia los sonidos del medio (2ª semana), surge el gorgojeo, el balbuceo (emisión sonora univocálica prolongada) A partir de este momento, lo ejercita continuamente, ante estímulos verbales, en la realización de movimientos, e incluso en inactividad. Repiten sonidos independientemente del que le dice el adulto.

   Compañía, contacto, respuesta a su mirada, diálogo en el que abunde el cara a cara…

   A los tres o cuatro meses, ya sonríe al adulto dirigiéndose a él comunicativamente. Vocaliza cuando se le habla. Expresa alegría ante el momento de la nutrición ¡imprescindible compartir! Cuando vocaliza de forma prolongada, acompañar hablándole y dejándole expresarse. Hay que enriquecer el espacio visual para que se interese por el entorno. 

         Hacia el sexto mes, silabean, predominio  de sonidos consonante/vocal, asociados a “m”,”t” y “p”. Hay intentos de repetición que no llegan a término (mueven los labios de forma que expresa intención, pero que no se materializa). Inicio de la percepción del significado en determinados sonidos y a la vez capacidad para influir en el comportamiento del adulto por medio de sonidos intencionales (a veces, los adultos creemos que ha llegado el momento).

   Inicio de los sonidos agudos, hacen ruidos y burbujas con los labios, sonríe ante el espejo, tiende la mano cuando se le ofrece algo, ríe y vocaliza al manipular objetos y se excita ante el juego.

    En el cuarto trimestre, surge la primera palabra significativa, suele ser un sustantivo aunque , aún la amplitud de vocabulario, es mínima.

   En el  segundo año de vida, hay diferencias muy acusadas en el desarrollo verbal de unos niños a otros.

   Surge la palabra/frase, o de las palabras aisladas Se dan en un contexto de gestos y rutinas interactivas, que actúan como frase porque tienen un mensaje más complejo que la palabra, con ellas piden, niegan, rechazan… Amplía su comprensión que le permite cumplir órdenes y responder preguntas (siempre en tiempo presente). Las respuestas son, en el primer trimestre, ininteligibles.

    En el segundo semestre comienzan las frase simples, combinan dos palabras. Estas combinaciones no son al azar, están basadas en “una gramática infantil”, que muchos autores denominan “habla telegráfica” (botón mamá, bebe agua) Sin el contexto en el que se producen son difíciles de interpretar. Con dificultades morfológicas, sintácticas y gramaticales.

   Dos años, ¡explosión del lenguaje! son tantos los aspectos en los que experimenta un crecimiento que no es fácil destacar características aisladas.

   El vocabulario aumenta de forma espectacular, varios cientos de palabras, la longitud y complejidad de las frases, utilizan preposiciones, flexiones de verbos, sustantivos y adjetivos. Hace su aparición el artículo. También las sobregeneralizaciones, indicador claro de que el niño penetra en la parte más difícil de la adquisición: las reglas sintácticas.

   ¡Es espectacular! Mis recomendaciones, las de siempre, atender a su imperiosa necesidad de conocer, de saber, hay que hablar, poner nombres al mundo, mostrárselo, dejarles responder, escuchar…

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