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    Hoy día 30, el blog cumple nueve meses. Jesús dice que ha sido todo un embarazo, me gusta la idea.

    Cuando se lo oí decir sonreí, el símil no se me había ocurrido, luego me puse nerviosa. En un momento me vi en el paritorio, a merced de los médicos y del Santo Ángel de la Guarda (tengo que decir y no precisamente para presumir, que en la vida desvirtualizada, fui de la generación que parió sin anestesia y yo no soy muy grande pero mis retoños si lo eran, el tercero, cuatro kilos y cuarto, y el recuerdo aún me estremece). Una vez me serené, pensé no sólo que tenía razón, sino que además sentía emoción, ha sido un embarazo.

    La fecundación fue asistida. Sin la intervención de determinadas personas, Nines, Isabel, Jesús, mi hijo Joaquín… no hubiera llegado a ser. Ahora os explico y veréis por qué. Mi obcecación, de hace nueve meses, hacia las nuevas tecnologías posiblemente no tenga parangón. Mi edad me servía de perfecta excusa para no intentarlo. El ordenador me parecía un aparato con connotaciones diabólicas. Joaquín e Isabel me regalaron uno por mi cumpleaños y yo lo aparqué en la cómoda, todos los días lo veía al pasar y… nada más, es decir, no me planteaba ni abrirlo ¿para qué? Vamos que me encontraba en un estado de perfecta infertilidad tecnológica.

    Pero… personas que me quieren, me instaron ¡no es tan difícil! Mis reticencias cada vez eran menos irreductibles. Y comencé un curso online, así, sin meditarlo mucho y mira por donde las prácticas me exigían la elaboración de un BLOG ¡que cosquilleo en el estómago!

    Me dejé ir, un día, otro, no entendía casi nada. Preguntaba a quien se me ponía a tiro, pasaba horas delante de la pantalla, pincha aquí, pincha allá. ¿Cómo sería mi bebé blog? Con una madre inexperta, ya de edad… Poco a poco el gusanillo me iba espoleando, en el tablero de WordPress, yo sola “fuchicaba”, le hacía los preparativos, le insertaba widgets en su barra lateral para que dispusiese de todos los recursos para hacer frente a su futura vida en la blogosfera.

    Sentí, muchas veces, inseguridad, casi vértigo. ¿Sabría formarlo? Darle los contenidos para que fuese competente. Me he leído Dios sabe cuántos tutoriales, visitado otros blogs, en Twitter he ejercido de búho, queriendo arañar hasta el último detalle de otros blogueros más curtidos en la tarea, para desarrollar sus capacidades y potenciar sus recursos, habilidades únicas, las que le diesen identidad.

    A veces, he desfallecido, pero siempre tuve la suerte de encontrar las vitaminas que remontasen mis déficits. De nuevo, manos amigas que me dieron, no la instrucción, si la motivación y el estímulo para seguir adelante.

    Tengo que confesar que a pesar de mis miedos a no saber darle vida, él si me la ha dado a mi, me he sentido rebosante, con dos pálpitos, que latían para un mismo fin, reflejar humildemente la tarea de unas docentes de la Educación Infantil.

    Tengo que confesar también que al principio mi analfabetismo tecnológico me permitía y me obligaba a crear estructura mental en la que prendiesen procedimientos, términos… que en mi cerebro no existían. Me divertía observarme a mi misma en este reto de autoaprendizaje, desarrollando capacidad y competencia mediante la manipulación, la observación, la exploración, vamos como mis niños. Y después, también me está pasando lo que a ellos cuando llegan al colegio, el exceso de información, de contenidos, no me permite encontrar tiempo para seguir desarrollando mecanismos de aprendizaje. ¡Habrá que buscar una solución!

    Y fuimos engordando con el alimento de las visitas, con la aportación impagable de vuestros comentarios y el intercambio de contenidos de otros progenitores más avezados.

    Ha sido una gran experiencia que me ha obligado a renovar ideas, planteamientos, a pensar más en los demás y en la manera de comunicar con ellos, a reflexionar sobre las cosas y cómo las hacemos, me ha abierto la mente a otros enfoques, a compartir, a respetar más y mejor … una maternidad implica reinventarse.

    Comencé sin una finalidad meditada, quizá por ello he tenido que hacer muchos ajustes, a medida que mi consciencia de la nueva criatura iba haciéndose un hueco en mi cabeza y en mi corazón. Mis alertas hacia la información que nos envuelve han cambiado, me he hecho sensible a datos, acontecimientos que ya no sólo formarán parte de mi bagaje, los interpreto en función de sus posibilidades de compartir, de su interés para el grupo. La maternidad del blog ha modificado mi percepción del mundo, porque he aprendido a mirar por sus ojos.

    Tiene por obligatoriedad biológica una carga genética con todas sus posibilidades y sus limitaciones, ahora me gustaría que creciese autónomo, fuerte y sano. Me gustaría que fuese libre, con espíritu crítico y creativo. Sé que su desarrollo está rodeado de comprensión y cariño, el mío y el vuestro, el mejor alimento para el crecimiento.

    Gracias a todos.

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