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Mi vida sin ti.

    Gracias Marisa por tu sinceridad.

    No sabía que eras fumadora y tras conocerlo he de decirte que NO has perdido ni un ápice del valor y la estima que siento por tí.
    Dicho esto expreso mi humilde opinión: en efecto, creo igual que tú que en la educación está la solución, pero esto tiene trampa. La educación la impartimos TODOS. Se enseña más con los actos (aprendizaje por imitación) que con los mensajes. De nada sirve que yo les diga a mis hijos lo perjudicial que es fumar si después me ven encendiendo un cigarrillo. Víctor, mi hijo mayor, me preguntó anoche: << mamá, y tú ¿por qué has elegido no fumar?>> me encantó porque añadió en su pregunta un aspecto vital “elegido”. Efectivamente, el tabaco está a mi alcance y yo elijo no fumar. Entonces le respondí: pues lo primero porque no me gusta ni el olor ni el sabor y lo segundo porque sé que me hace daño y prefiero no hacerlo. No se si era la mejor de las respuestas, fue la mía en ese momento.
    Es difícil encontrar ambientes que enseñen a pensar libremente a valorar nuestros actos de manera autónoma y responsable. La ética de la responsabilidad está de “moda” en la teoría pero en la práctica es complicado encontrar espacios interpersonales: familia, amigos, trabajo donde se puedan expresar ideas sin que a uno le juzguen inmediatamente, antes incluso de discutir o debatir argumentando posiciones desde el respeto, la tolerancia, ofreciendo alternativas (siempre las hay). Muy al contrario estamos demasiado familiarizados a transformar los problemas (múltiples soluciones) en dilemas (o si o no, o blanco o negro) y casi siempre con falta de humildad para reconocer los errores.
    Sería estupendo que todos ejerciéramos nuestra responsabilidad y los ajenos (en este caso los gobernantes) no tuvieran que ejercitar el porque YO lo digo. Aun así, yo trabajo en el ámbito sanitario y algunos de mis compañeros fuman en el centro de trabajo estando expresamente prohibido, ¿qué se puede hacer ante esto? Entiendo el aspecto de rebeldía ante una imposición, pero uno debe pensar los pros y los contra de sus actos. Seguramente, y me aventuro a afirmar algo sin que haya sucedido, si se hace una auditoría y “pillan” a alguien fumando donde no debe y le sancionan por ello, argumentará que la culpa no es suya y saldrán improperios por su boca por haberse evidenciado su negligencia y haber sido castigado. Al igual que cuando nos llega una multa a casa por una infracción cometida, no conozco a nadie que diga, ¡me lo tengo merecido!, la mayoría soltamos cualquier barbaridad por tener que pagar “X” de sanción a nuestra falta de responsabilidad. En este sentido he de felicitarte, porque tú ejerces tu elección de fumar fuera del ámbito en el que te conocemos, la escuela, de ahí que no supiera que eras fumadora, no tenía por qué saberlo, forma parte de tu esfera íntima, de tu elección personal.
 
    Como educadora sanitaria, también he de reconocer que la molificación de hábitos y actitudes es de las tareas mas complicadas a la que se enfrenta el ser humano. Me explico: es mas fácil enseñar a un niño a llevar una dieta equilibrada, que a un adulto. ¿Por qué? pues porque el adulto ya tiene unos hábitos adquiridos a la hora de hacer la compra y de elaborar los alimentos, mientras que el niño no tiene esos hábitos y podemos enseñarle incluso que experimente por qué es importante la dieta equilibrada: es más saludable, más rica, da más energía (no tenemos bajones), es mas económica… Pues lo mismo que sucede con la alimentación con todo lo demás, el tabaco, la conducción responsable Vs temeraria, el respeto por la diversidad, por el medio ambiente, por lo colectivo ….

    Aun así, un mensaje esperanzador: si uno está motivado puede cambiar, y si no está motivado hay tácticas de motivación, así que  la esperanza es lo último que hay que perder.    Marina Monzón Torres.

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