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    Otro mes que acaba. Tengo que decir que a enero no le tengo un especial cariño. Es una mezcla extraña, empieza de fiesta y luego, ya hay estudios, nos vienen los días más deprimentes del año. Bueno, no hay mal que cien años dure, ya se acaba.

   Esta semana nada de abrirnos al mundo, hemos estado parapetados en la “burbuja escuela”, ha hecho tanto frío que nos hemos dedicado a buscar el calor de la actividad. Váis a ver cómo.

   Así iba a empezar este post ayer pero hoy es otro día y dentro de esos contrastes del mes, este viernes ha sido espectacular. Hemos ido al teatro, sala Sanpol. Íbamos a ver Caperucita Roja y no sabíamos con que versión nos encontraríamos. Salimos de la escuela con lluvia, el camino como siempre, redescubriendo el Manzanares que cambia su aspecto (todo hay que decirlo a base de mucho dinero de los ciudadanos) pero con mi sana costumbre de los últimos tiempos de ver lo positivo, está quedando espectacular (acordáos que es mi palabra de hoy). Ya se parece a otros ríos europeos en sus pasos por las metrópolis.

Caperucita Roja 2011.

   Al llegar, nos acomodan en las butacas con los dispositivos que nos levantan un palmo del asiento que es el que nos falta para tener categoría de espectador a la usanza. Algunos tienen cara de “no sé si me va a gustar esto”. Y empieza, y otra vez la palabra, espectacular. Efectivamente una Caperucita versionada, acomodada a nuestro tiempo, con los valores que se defienden, con los problemas que nos conciernen. Mis risas, dice Nines, que se oían en el otro extremo de la sala. Pero es que este lobo tan genial me ha hecho pasar un día espectacular. Necesitado de responder a su condición de lobo, ni bueno, ni malo o mejor dicho bueno y malo (vamos como somos todos), con ganas de comer y las vicisitudes para conseguirlo. Una rana que no se puede comer porque le enternece, un pollito que hace su vínculo de apego con la figura del lobo ¡papá qué bueno eres! Una Caperucita, que su mamá trata como hiperactiva, una Caperucita con unas ganas locas de correr, saltar, explorar reacciones de los que la rodean, superinteligente, que envuelve al lobo, a su mamá… y al “más pintado”, ¡a que no me pillas lobo! Una abuela cañera que aturde al animal, que desde su mirada de la experiencia que le da la edad se hace cómplice de su nieta y sabe como nadie romper con la necesidad de Caperucita de llevar la contraria. Todos identificados con la historia, con los personajes, ahora con uno, ahora con otro, todos tenían ese componente humano que los ha hecho próximos.

   Y al salir, el sol. Seguimos con los contrastes de enero. Pero ha sido un buen broche para la semana.

   Empezó en la cocina, con el taller, hicimos rollitos bicolores. El taller nos da la oportunidad de compartir la experiencia con los compañeros de otras salas, utilizamos ingredientes no habituales en el trabajo cotidiano de la escuela, exploramos, manipulamos, aplastamos, untamos… de vez en cuando, sin poder superar la tentación, nos lo comemos antes de tiempo. Con el rodillo, se aplasta el pan de molde que después se unta con queso y mermelada (reto creativo, sobrasada y miel, jamón y queso… ), se enrolla y se come entero o se corta transversalmente, para aperitivos.

¡Rojo!

  Pero no es todo, esta semana, el color rojo nos ha acompañado. Con muchos materiales, gomets, plastilina, lana, virutas de ceras, tizas, pinturas de dedos… hemos hecho de todo porque, en principio, la propuesta era un mural del color, después todo ha ido surgiendo sobre la marcha, el disfrute de la tarea les ha motivado y sugerido otras experiencias.

¡Espectacular!

 Alba empezó a pintar su cara, el color perdió su limitación espacial y empezaron a aparecer payasos por propia voluntad. Espectacular.

   Pero no creáis que nuestra actividad en la burbuja de la escuela se acaba ahí. Nos pide Marina que pasemos el poema de esta semana al blog, seguramente os habéis dado cuenta del poder de la poesía en los niños, reclama su atención, les gusta la entonación del recitado, la memorizan hasta sorprendernos. Pienso que es tan enriquecedora para los chicos que habría que dársela como el alimento.

Mi tesoro.

   Tengo en mi corazón

escondido un tesoro

en él guardo a las personas

que en el mundo más adoro.

   Una es mi mamá

que es muy buena y cariñosa

otro es mi papá

que me enseña muchas cosas.

   También están mis hermanos

y todos mis abuelitos

mis padrinos y mis tíos

que conjunto tan bonito.

   Ellos son mi riqueza

ellos son mi tesoro

juntos somos felices

y a todos los adoro.

   También esta semana estamos trabajando con las encuestas que os hemos pasado para conocer el nivel de satisfacción. Los últimos cursos a los que asistimos, pretenden inculcarnos la consciencia de que la escuela, aparte o junto, a su objetivo educativo es una empresa. Son los tiempos, no basta con que cuidemos nuestra labor pedagógica, tenemos que ser capaces de trasladarlo y además dentro de unas líneas estudiadas y organizadas de mercado. Bueno, pues hay que acomodarse a las exigencias sociales. Todo lo que sea mejorar hay que hacerlo.

   ¿Qué pensáis que se acaba aquí? Pues no. Hemos celebrado cumpleaños de nuestros chicos, Eduardo, Samuel y Mateo. Otra vez, espectacular, los bollitos, los regalitos, las nubes, las pelotas… Total, algún kilo más conseguido con las sensaciones más dulces. ¡Felicidades a mis niños!

¡Día de la Paz!

   Y como punto final, también hemos trabajado el día de la Paz ¡ojalá lo fuesen todos! Nosotras creemos en el poder de la educación, creemos que es la única vía, la mejor para conseguir sociedades hechas por individuos formados, comprometidos con valores universales. ¡Que no se quede en una frase de un día!

¡Día de la Paz!

… y ya , ¡que disfrutéis del fin de semana! ¡que sea espectacular!

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