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     Las seis de tarde, un jueves, agotando las pilas de la semana. Nos habíamos inscrito en un curso de masaje infantil, que además, por primera vez, íbamos a degustar en la modalidad de “impartido en la escuela”. Las premisas, “fifty fifty”, cansancio e interés, a partes iguales.

    Llega María, la monitora que imparte el curso, nos sentamos ¡peligro! si la exposición no es buena, con el calorcillo y la postura está cantada la siesta.

    Pues hasta aquí los miedos y los riesgos. Una vez que María empieza a desplegar sus dotes de transmitir, ya estamos imbuidas en su mensaje que trasladó de principio a fin. El masaje infantil es el primer lenguaje, es la manera más preciosa, la manera más increíble, la forma más maravillosa de fomentar la interacción, de enseñar a relajarse, de ayudarles a conocer su propio cuerpo, de facilitar la integración del esquema corporal, de aumentar su autoestima, de proporcionar seguridad, de reforzar el instinto y la intuición, de relajarse, de divertirse, de incrementar habilidades para ayudar a los hijos, de consolidar lazos familiares.

    Un breve situarnos, algo de etiología, algo de fundamentos fisiológicos, neurológicos, y definiendo, en busca de los parámetros que le dan nombre propio. No es una terapia, no es una técnica, es una forma privilegiada de comunicación. La mirada, la voz, la sonrisa, los juegos… y tus manos, transmitiendo directamente tus sentimientos.

    Insistentemente, volvemos a los beneficios ¡son tantos!, físicos, emocionales, afectivos… para quien da el masaje, para quien lo recibe.

    Estimulan la sensibilidad de la piel, proporcionan estabilidad al sistema nervioso, favorecen el sistema circulatorio, ayudan a calmar los cólicos, potencian el desarrollo del sistema neurológico, reduce las hormonas causantes del estrés, beneficia al sistema muscular, estrecha los vínculos positivos…

    María hace una paradita, nos deja estirar el cuerpo. Las educadoras hemos perdido la costumbre de estar quietas. Charlo unos minutos con ella y su cara se ilumina cuando revive experiencias de su paso por la UCI de prematuros, de como la aplicación de los masajes a niños aferrados a la vida por vías y tubos, rápidamente se hacía notar. Siento un escalofrío, en la cara de María, la emoción del que vive su profesión con entrega y pasión.

    Retomamos, el masaje dice, es ese beso curativo, es la forma más impresionante de transmitir al bebé el amor que sientes por él ¡No te pierdas esa experiencia por nada del mundo!

NOTA: Las manos del vídeo son de otra gran María, la educadora de los bebés.

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