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   Fue capaz de abandonar el claustro materno y abrió los ojos al mundo. Fue capaz de sostener su poderosa cabeza y fijar la mirada. Sonrió por primera vez hace muchos, muchos meses y aprendió a buscar consuelo, a acariciar, a dar besos.

   Quiso ver, tocar, conocer todo lo que estaba a su alcance y aprendió a coger objetos, a manipularlos y forjó imágenes que llenaron su pensamiento.

   Aprendió a sentarse, se mantuvo erguido y caminó. Los escalones le hicieron grande y unas piernas fuertes le dejaron correr detrás de sus sueños.

   Supo que él era un tipo único, distinto de los demás, era él. Y es consciente de su cuerpo y conoce sensaciones y necesidades.

   Del gorjeo ya ni se acuerda, y eso que solo han pasado dos años, pero ya no le hace falta ¡hay que ver cómo interpreta gestos, cómo entiende palabras, cómo expresa lo que quiere y lo que siente!

   Y disfruta con el descubrimiento. Las imágenes, los sonidos, el color no consiguen saciar el hambre de sus sentidos.

   Con poco es capaz de crear mundos de fantasía. Un gran aprendiz, se está construyendo.

   Ahora toca otro reto Mateo ¿nervios? no, decisión, tranquilidad, paciencia… el cariño sé que lo tienes.

   Mil besos.

¡Seguimos creciendo!

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