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   Ni blanco, ni negro, sino todo lo contrario, a buen entendedor pocas palabras bastan. Así es esta semana, en teoría, un curso acabado y ¡tanto que queda por aprender! En teoría, felices de que lleguen esos meses de verano, que para muchos es tiempo de relax y sin embargo ¡una nube de tristeza se empieza abrir hueco en el alma!

   Así, se siente todos los años. Imposible hacer ese escudo contra los nudos en la boca del estómago  ¿Qué le vamos a hacer? esa es nuestra esencia. Necesitadas de un acúmulo extra en lo emocional, todos los días de nuestras vidas, es un imposible que cuando llega el final del curso, la urdimbre afectiva no se vea seriamente afectada.

   Así como la naturaleza prepara a la madre recién parida aguzando sus receptores sensoriales y emocionales, algo muy parecido debe hacer con nosotras las educadoras del Primer Ciclo de Infantil.

   Muchas son las cualidades y habilidades que deberíamos reunir para ejercer con responsabilidad esta profesión.

  • Perfeccionamiento continuado en aprendizajes.
  •  Buenas dotes de empatía con los niños y, sí, también con los padres (mal haremos nuestra labor si no logramos el encuentro con vosotros).
  •  Buen observador ¿aprendiste a leer en los chiquitines? Sus gestos, los detalles hablan.
  • Aventurero ¿cómo si no se te van a ocurrir los mil retos que tienes que provocar en tus chicos?
  • Respetuoso ¡ah! sin aceptación de otros modos de ser y pensar ¿se puede educar?
  • Facilitador, motivador….

   Bueno, podríamos seguir haciendo el perfil del educador de chiquitines. Después de muchos años, una es la constante, la que nos hace distintos en esta etapa. Es muy difícil, al final del curso, que tus alumnos no sean “tus chicos”, una parte muy grande de ese músculo que dicen que no siente nada.

  ¡ Necesitaba decirlo! no os preocupéis para el día de la fiesta (que no se os olvide, 17 de junio) ya no se me notará nada. Estoy preparando la mejor de mis sonrisas. Un abrazo.

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