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   Bendita tu Luz, dice Maná en su canción. La he elegido para el taller de esta semana.

   Quiero hacer una parada, respirar hondo, tomar aliento y así, con los receptores sensoriales sosegados, permitir que la luz que nos rodea muestre su brillo. El castigo del imperio de jornadas atiborradas de actividad en la vida diaria, nos hace ciegos a resplandores cotidianos.

   Y a riesgo de resultar sensiblera, quiero hacerlo.

   Quiero haceros partícipes de que son muchas las sensaciones que se pueden vivir cuando los adultos/educadores dejamos que la luz de los chicos, ilumine nuestro pensamiento, a veces, aburrido y hastiado.

   Quiero señalar la luz de sus miradas. De esa de la que las educadoras de Infantil tenemos la suerte y el privilegio de disfrutar. Vivimos rodeadas de miradas originales, espontáneas, flexibles y libres.

   Quiero contaros que, en los talleres, ajenos a currículos y contenidos, la dimensión creativa de los niños te envuelve y eres aún más consciente de que facilitar su expresión depende directamente de la actitud del adulto.

   ¡Ojalá supiera traducir a palabras escritas la entrega que tienen los niños a la luz de la creatividad!

   Y quiero proponeros un interrogante muy concreto ¿qué necesitan para que esa luz no se muestre opaca?

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