Seres diminutos, mullidos, de andares titubeantes, con ojos, manos y bocas ansiosas. Que no hablan más que con la mirada… son los futuros lectores. Para nosotras los presentes disfrutadores de cuentos.

  En el currículo, en el proyecto, en la práctica educativa, enseñar a degustar un cuento debería estar definido por un verbo “provocar“.

  Aprender a leer con deleite es un proceso que comienza con la vida misma.

  • Se provocan los ojos, los oídos, la piel…

  Fijar la mirada, mantener la atención unos segundos, escuchar el sonido de tu voz, sentir el placer de la comunicación. Así empieza el proceso.

  • Se provocan los ojos, los oídos, la boca…

  Seguir con la mirada, llevarlo a la boca, disfrutar con el sonido del relato, intercambiar gestos. Sentirse suspendido de la magia. Seguimos.

  • Se provocan los ojos, los oídos, la boca, las manos, la piel, el corazón…

  No poder despegar la mirada de las ilustraciones, pasar las páginas con fruición, intentar reproducir gestos y palabras. Buscar el calor de la narración. Estamos aprendiendo a vivir un cuento.

  • La provocación de la satisfacción…

  Sentirse inmerso en una nueva y mágica atmósfera, mostrar alegría, sorpresa, inquietud, ilusión, ternura. Identificarse y quedar suspendido de la historia hasta desear que nunca se acabe. Descubrir otros mundos, los que sólo existen en tu imaginación.

  Y esto no ha hecho más que empezar. Esos seres diminutos tienen todo un mundo por delante. Los chicos se merecen el regalo de poder despertar sus sentidos a la lectura ¡Provoca la lectura!

  Para Kuentalibros, con todo nuestro agradecimiento y cariño.

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