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  En el grupo de Escuela enREDada, en Facebook, pedí a los padres sugerencias de temas sobre los que escribir en este blog.

  Los conflictos, las relaciones interpersonales (niños/niños, niños/adultos) ha sido uno de ellos. Tengo que decir que no me lo han puesto fácil. Es un tema muy complejo. Pero también es cierto que cualquier educador sea padre/madre, sea docente, ha tenido que hacer al menos, una profunda reflexión si quiere que su mediación en la vida del niño, sea responsable y comprometida.

  Por ello escribo con cautela. Tanto la definición del término conflicto como las maneras de percibirlos y abordarlos están sometidos a apreciaciones muy personales.

  Intentaré trasladar ideas amplias, abiertas, sin pretender nunca que sean consideradas como “recetas”. Sería caer en un reduccionismo imperdonable porque cada niño es un mundo y tiene derecho a ser tratado atendiendo a su individualidad.

  Parto de la idea de que el conflicto (en un entorno sano y sin carencias) no es algo malo, es algo consustancial al hombre y necesario para desarrollarse personalmente. En la capacidad para resolverlos y aprender de ellos, está la construcción del individuo.

  Antes de nada y como me gusta hacer siempre, situémonos.

¿Quién es el niño de nuestra etapa, a quién tenemos delante cuando hablamos de conflictos en el Primer Ciclo de Infantil?

  • Es un sujeto con carnet neurobiológico en plena construcción que se alimenta de palabras, gestos y acciones de los otros.
  • Viven en la contradicción entre la absoluta dependencia del adulto y la incipiente necesidad de autonomía para poder llegar a alcanzar su individualidad. Su cotidianeidad discurre entre los impulsos que necesitan satisfacción inmediata, los afectos, pero también, las prohibiciones externas (control, vigilancia, censura)
  • Son incapaces de discernir lo que es beneficioso para ellos porque no pueden conceptuar. Sus acciones cobran significado porque es el adulto el que les pone nombre, el que las etiqueta, el que les da el sentido.
  • Aceptan las normas porque les angustia perder su cercanía al adulto (aún no ha podido interiorizarlas) Esto implica en numerosas ocasiones, impotencia que se traduce en agresividad, sentimientos ambivalentes, rivalidades, celos… porque siempre está conminado a hacer lo que le dicen.
  • Cada niño procesa sus experiencias de forma particular. En este apartado quiero decir con todo el dolor de mi corazón, que la escuela fracasa estrepitosamente, tendiendo a identificar disciplina con silencio y orden. Apostando únicamente por el premio y castigo, anulando la posibilidad al niño de ser visto con sus necesidades e inquietudes personales ¿Por qué no trabajamos habilidades emocionales?

Y este niño por hacer ¿Cómo afronta la relación interpersonal?

  • Tiene una poderosa herramienta que es su tarea seria, el juego. A través de él va a ir conociendo y comprendiendo el mundo exterior y a medida que crezca, irá interiorizándolo.
  • Se puede decir que para afrontar la realidad recurre a la fantasía que no tiene reglas.
  • Con el juego pone a prueba sus capacidades y se enfrenta a los límites que le impone la realidad. En él vuelca sus sentimientos y también, a través de él, aprende a conocer las consecuencias. Por ello repiten un mismo juego para saberse dominadores de la experiencia.
  • En el discurrir de esta conducta exploratoria de la realidad va a ir incorporando rasgos y actitudes de los que le rodean.
  • A los dos años, juega mucho con los demás pero aún es un juego en paralelo. Sigue conservando el apego a sus juguetes que son “suyos”. Igual que se está conociendo a sí mismo, especialmente a través de experiencias físicas, lo hace con los demás. Le gusta el contacto físico, acariciar,  tirar de los pelos, arrebatar a los otros los objetos…
  • Los “otros” tienen interés para el niño en tanto le reportan experiencias placenteras (todavía no pueden ponerse en el punto de vista del otro), aún lo prioritario para el niño son las sensaciones. Pero también le son necesarios porque le permiten conocer la capacidad de influir en las emociones y comportamiento de los demás. Son su fuente de conocimiento sobre el significado de las cosas del mundo: amenazas, diversión… y a través de su relación con ellos regulará sus emociones enfrentadas, su propia conducta.

  Así pues tenemos un por qué, un ser egocéntrico “estrenándose” en todo, con una dependencia absoluta del adulto que es el que proporciona seguridad y subsistencia y con la exigencia evolutiva de ir soltándose para poder llegar a ser (Contradicción).

 Y tenemos un lenguaje natural en el niño que es su mejor canal de comunicación, el juego.

Y bien, entonces ¿Cuál es el papel del adulto en los conflictos de los niños?

  • No tengas urgencia por poner solución inmediata, utiliza el conflicto como oportunidad para aprender.
  • No pierdas de vista la capacidad del niño, su ritmo y su necesidad. Los sentimientos están ahí, odio, celos, generosidad… enséñale a reconocerlos.
  • No simplifiques, no te quedes en lo externo porque el niño necesita aclarar su afectividad para trabajar el conflicto. Mira y mide sus gestos y déjale clara tu disponibilidad para acompañarle.
  • Dale confianza, seguridad y amor para que pueda enfrentarse a sus sentimientos encontrados, a sus culpas y tensiones. Sólo así irá ampliando su abanico de respuestas positivas hacia los demás.
  • No utilices nunca el castigo, es corregir por aplastamiento de superioridad, es vergonzante y humillante. Facilita el espíritu crítico, no el sometimiento. Usa el conflicto como formación, no como supresión.
  • Comunica, interpreta sus señales, recuerda que su lenguaje no está perfeccionado. Utiliza el mejor en los chicos pequeños, el del juego. Sé creativo y ayúdale a canalizar sus deseos.
  • Comunica para expresar tu no aceptación, cuidando el lenguaje y siempre escuchando.
  • Cuando un niño tiene una rabieta o está inmerso en un conflicto de ira, para el comportamiento, no actúes, espera y después dialoga. Enséñale que hay otras alternativas.
  • Aprenden más de lo que nos ven hacer que de los discursos, sé coherente en tu modo de actuar. Los niños construyen su personalidad con la vivencia de las causas y las consecuencias de sus actos, sé un buen mediador.
  • Estimula la expresión de sus sentimientos y trabaja de manera lúdica sus miedos ¡Estamos educando para la convivencia!
  • Y mi palabra preferida, respeto. RESPETA al niño para que aprenda a respetarse a sí mismo y a los demás.

  Nuestra misión no es dar solución sino enseñarles a que la encuentren, con una actuación consecuente…

  Os dejo con anhelos

 “Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.” BERTRAND RUSSELL

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