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   Javier Alegría me invitó a colaborar en una publicación pedagógica “Nuestro rincón del 0-6”, para la página de Acento. El objetivo es, entre todos, compartir nuestros conocimientos y experiencias sobre la Educación Infantil, por la que trabajamos para intentar aportarle más calidad.

  Ésta es mi colaboración…

  Llevo trabajando en Educación Infantil muchos años y utilizo el determinante con toda la carga positiva que pueda tener. Mucho, también, ha llovido desde que era estudiante de Magisterio. Los años se han tejido con un fino hilo con la consistencia del acero, el deseo de ejercer mi profesión con dignidad, con compromiso y desde la responsabilidad.

  Hoy, en este artículo, quisiera poner en tela de juicio mi esencia de educadora. Es algo saludable, cuestionarse, indagar sobre la propia actuación profesional con una mirada crítica, volver sobre mis pasos y darme respuestas a por qué actúo así, cómo lo hago y con qué finalidad.

  ¿Y por qué creo que debo hacerlo? La práctica docente supone un continuo ánimo de mejora porque realizamos una actividad compleja que tiene una gran repercusión en nuestros alumnos y su futuro personal.

  El objetivo de estas reflexiones es poder contestar con la seriedad de la profesionalidad a algunas de las líneas maestras de mi quehacer ¿Cuáles son las demandas de la Educación Infantil hoy? ¿Qué se te demanda? ¿Qué te demandas?

  Así es que empecemos.

  ¿Quién soy yo?

  Considero que mi labor es mucho más que el curriculum escolar. La forma de ser, el equilibrio emocional, la capacidad de iniciativa, la de empatizar, la de relacionarse, la capacidad de autoanálisis, lo que piensas, lo que sientes, tu estilo cognitivo, tu modo de ver, percibir y sentir la realidad que te rodea, tus opiniones y creencias, inciden y configuran la personalidad de los alumnos.

  Por esta razón creo que es saludable  conocerse para conocer cuál es tu proyección. Calibrarte, saber a qué características personales le das prioridad por encima de otras a la hora de transmitir actitudes, normas, costumbres y valores. Porque tenemos alumnos que “no saben hacer” con una total dependencia del “hacer adulto”, muchas veces determinante.

  ¿Qué sé?

  Recibí una formación, hace ya lustros. No entro a valorarla, sólo decir que muy perfectible. Si que es cierto que nombres muy importantes se instalaron en mi cabeza definitivamente, Pestalozzi, Froebel, Montessori, Decroly, Piaget…. transformaron el concepto de infancia y educación y como tal forman parte de mi bagaje profesional. Aprovechándolos construí mi forma de entender y vivir la educación.

  Estas bases teóricas cimentaron la actuación, la expresión práctica de mi modelo educativo.

  Tengo que confesar que no siempre se tienen los conocimientos suficientes pero también que en Infantil no es difícil suplirlos con imaginación y dinamismo, reinventando procesos de autoformación y aprendiendo de la observación directa de nuestros chicos.

  Aprendí creencias y propósitos sobre la escuela, sobre la enseñanza, aprendí orientaciones… pero, al final, tú eres el creador, tú eres el agente de cambio de tu estilo educativo.

  Pero fueron bases, y con ellas no es suficiente, el educador está obligado a un continuo reciclaje si quiere no quedar al margen del mundo. Tu perfil teórico debe ser vivo, en continua remodelación. Cursos y jornadas formativas sobre desarrollo evolutivo, técnicas y metodologías… son necesarios y obligados.

  Confieso, mi falta de sensibilidad hacia la necesidad que se había generado, a espaldas de mi percepción, de formarse y adquirir los conocimientos para la competencia digital, el gran desafío de la nueva sociedad. A veces, la acomodación a la rutina, te hace insensible a la innovación.

  ¿Qué debo dar?

  Los educadores del Primer Ciclo de Educación Infantil hemos pasado de labores de guarda y custodia a profesional especializado en desarrollo y maduración, facilitando actividades y creando entornos de aprendizaje.

  Que el niño conozca su propio cuerpo y sus posibilidades de acción. Que aprenda a relacionarse con los demás a través de las distintas formas de expresión. Que adquiera progresivamente autonomía. Es nuestra misión.

  Es evidente que la edad de nuestros chicos y el papel de ayuda a las familias en tareas de conciliación de vida laboral y familiar, nos ha colocado en un enclave de límites difusos en cuanto a nuestra responsabilidad. Hasta el punto de cuestionarse si complementamos o suplantamos su actuación ¿Cuál es tu misión? ¿Construimos al niño? ¿Damos forma para que puedan integrarse como miembros de la comunidad? ¿Para qué tipo de sociedad formamos?

  La atención educativa en hábitos de descanso, higiene, alimentación, salud, relación… tiene un gran componente como factor transformador social. Antaño labor de la familia, hoy, el papel activo de crianza es nuestro, de los educadores de Infantil. La necesidad de las familias se ha convertido en una exigencia que nos convierte en subsidiarios de crianza.

  Es difícil y hasta es impensable que se pueda estar abordando este cometido sin una relación directa con los padres, el niño se merece una línea coherente y respetuosa que no le sitúe en una encrucijada psicológica.

  Del mismo modo, implica una relación interdisciplinar con otros profesionales, los pediatras, que tienen incidencia directa en estos primeros años de la vida, en el crecimiento del niño. Su visión y la nuestra de hábitos y actitudes saludables, en estas edades, son cimentación para el futuro del niño.

  Buscando respuestas, una que pudiera ser satisfactoria es resolver estas situaciones de desencuentro  a través del planteamiento de escuela abierta y colaborativa que acerque e implique a las familias, a los pediatras, abriendo los canales de la información para lograr incidir en el bienestar de los niños.

  ¿Con quién ando el camino profesional?

  A día de hoy, considero que ya no es viable una actuación docente individualizada. Sería un error.

  Es cierto que en el entorno en que se incide de forma directa, en tu escuela, es importante estar atentos a los grupos, los recursos, a cómo estructurar y lograr un buen equipo, a conseguir un lenguaje democrático y participativo con tus compañeros y con las familias. Pero, hoy, no es suficiente, se precisa intercambio de experiencias, reflexiones e inquietudes, con otros compañeros, con otros modos de hacer, con otros enfoques, que nos abran la mente a nuevas experiencias.

  En Infantil contamos con el lastre de una falsa percepción social sobre nuestros cometidos y nuestro trabajo (poco a poco se va logrando algo de consideración), también por ello es indispensable sensibilizar a través de la información y divulgación de finalidades y metodologías. Un trabajo desconocido es un trabajo que no puede ser valorado.

  Dos buenos motivos, que la escuela salga al mundo y que el mundo entre en la escuela, para no dejar pasar por alto todas las posibilidades que de conexión y relación nos ofrece el uso de las redes sociales.

  Y hasta aquí, algunas de mis inquietudes, de mis sentimientos y pensamientos. En el discurrir de mi ejercicio docente he decantado y afianzado conocimientos y prácticas, he desaprendido para poder volver a aprender. En cualquier caso un principio intento que no me abandone, debo ser generadora de aprendizaje y disfrute, para que mis chicos puedan “ser”.

  “Nada es lo suficientemente pequeño para ser ignorado” Henry Miller.

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