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  Hay situaciones en la vida que pasan sin pena ni gloria, muchas. Seguramente si llevásemos un registro de tiempo vivido y perdido nos escandalizaríamos de no haber hecho algo para remediarlo.

  Y hay otras que sin apenas haber contado con una intencionalidad consciente, te hacen parar, te remueven, agitan pensamientos y te reafirman o te incitan a reaccionar, te sirven.

  En estos dos  o tres últimos días he vivido una de esas experiencias y hoy escribo sobre ello con la finalidad y el deseo de que los pensamiento una vez trasladados a grafismos, se muestren transparentes, ya no digo nada si además consigo poner algo de orden. Aunque tampoco tengo prisa, este estado de tensión intelectual es saludable para mi persona, cuestionarme y cuestionar, es un ejercicio que siempre me he impuesto.

  Os comento los prolegómenos. Ando enfrascada en conversaciones en un grupo del que ya os he hablado alguna vez, El médico de mi hij@. Un grupo variopinto de mil y pico miembros, con amplia mayoría femenina.

  En él se escribe, se debate, se aprende sobre crianza, educación y salud. Muchas personas en comunicación transversal son garantía de intercambio y puesta en común.

  Sus gentes me son en mayoría desconocidas. Sólo un pequeñito grupo de madres de la escuela y su creador, Jesús Martínez, tiene vínculo además de virtual, físico y afectivo.

  Jesús, es el pediatra que nos cuida y nos enseña a cuidarnos en la escuela. Fue uno de los instigadores de mis primeras incursiones en el mundo 2.0. Es el que está ahí siempre dispuesto a ayudar en incontables dudas sobre el manejo de este apéndice de mi persona que es el ordenador. Es un buen amigo, con él disfruto debatiendo, como él dice, sobre lo divino y lo humano. Me gusta conversar, soy visceral, acalorada, con un insoportable sentido crítico (no tengo la culpa de haber nacido en el 60 y haber sido hija de tiempos convulsos que han requerido reflexión, esfuerzo y compromiso). Y Jesús, es también, la persona que hace lo inimaginable para que me subleve y capaz de poner a prueba todas mis dotes de contraargumentación y paciencia.

  ¿Esto es disfrutar? Sí, cuando hay respeto, sí.

  Pero el viernes, medio en broma, medio en serio, le dije, me voy de tu grupo, siento que no comunico, siento que el receptor de mi opinión, la utiliza para reafirmarse en su postura y lo hace a través de una actitud que no me agrada. No me sentía contrariada por la discrepancia, estoy en el grupo para reflexionar y confrontar ideas. Me sentía manipulada, me sentí mal.

  Un hecho insignificante, aparentemente, me ponía frente a mi misma. La expresión de ideas y reflexiones sobre educación y crianza desatan tensiones… ¿Quiero pasar por ello?

  Bien, sigamos, os explico cómo fue, el jueves estaba en el escritorio de este blog y vi el enlace de una de las visitas, pinché y me encontré con un comentario que ya tiene mucho tiempo pero con la actualidad de la perdurabilidad que da la red. Era un blog lactivista y arremetían con dureza no ya sobre las ideas que publiqué en Madre o vaca y Por una educación integral, sino sobre mi persona.

  Escaldada, huí, busqué refugio en el grupo explicitando mi desasosiego y tuve la infeliz idea de expresar en voz alta la pena y la rabia, traducidas en interrogantes:

  • ¿Por qué actualmente se tiene esta necesidad de posicionamiento por no decir, radicalización en posturas y formas de crianza?
  • ¿Tal vez no se está tan seguro de que se esté obrando bien?
  • ¿Tal vez nos sintamos protagonistas de un experimento con nuestros propios hijos?
  • ¿Es más abierta la mente de un padre/madre que si no te parece bien el colecho, se enciende, se enerva?
  • ¿Por qué los que apostamos por la educación integral y desde el primer día, somos acusados de dictatoriales?
  • ¿Es más generoso el amor que deja al niño sin límites y normas?

  Inquietudes que no son nuevas pero que después de aquellas publicaciones había dejado aparcadas, durmiendo “el sueño de los justos”.

  De unos años a esta parte, a poco que leas sobre crianza y educación, percibes no lo diverso de los estilos, que es saludable e imprescindible, tantos como educadores, sino que la expresión de ciertas perspectivas dan lugar expresiones feas, a sentimientos malos que encubren cierto modo de violencia. Y esto, cuando menos te deja perpleja.

  Si hablas de lactancia materna a demanda y de colecho, estás siendo de pensamiento abierto, crías bien, eres más afectuoso.

  • Si hablas de que una vez cortado el cordón umbilical, ya existe una separación física, de un milímetro, el del corte, que genera un hueco, el germen y precursor de un ser distinto, de otra unidad psicológica. Y que ese hueco crecerá o no en función del respeto del adulto a esa nueva individualidad.
  • Si hablas de que es un hueco que hay que hacer crecer desde el primer día trabajando y acompañando al niño en la búsqueda y despertar de sus habilidades y destrezas.
  • Si hablas de que ese hueco no llegará a “dejar ser” si no se da la oportunidad del ejercico de aprender. 

 Se desata la tormenta emocional … eres extremista y radical.

  Aún a riesgo de padecer estas consecuencias, en el grupo, he expresado mi opinión, en varias ocasiones. Os copio algunos fragmentos:

  Sobre la educación a demanda:

  Creo que es necesario educar en hábitos, en orden, en normas… desde que nacen, desde el primer día porque esto es fundamento de seguridad, confianza y autonomía Porque como dice Gabriela Mistral, “el futuro del niño es siempre hoy, mañana ya es tarde”.

  Creo que en todo acto educativo debe mediar el impulso de la tolerancia a la frustración, la voluntad y la imaginación… esto yo no tengo claro que lo respete la “educación a demanda” o “la educación del dejar hacer”.

  El problema de la educación a demanda es de calado profundo y con consecuencias que se extienden a lo largo de la vida, el problema es que cuando el chico sufre los efectos puede ser tarde. E incluso, si llega ese momento, no nos reconocemos promotores de conductas inadaptadas y se le echa la culpa al niño.

  Educar respetando necesidad, capacidad e intereses es nuestra responsabilidad, del adulto. Si nos sale bien, hemos cumplido con nuestra obligación, si nos sale mal… el responsable no es el niño.

  Capacitar, cultivar, transmitir… enseñar a vivir no es un experimento, ni algo que se pueda dejar al azar. Intervenimos y somos los que forjamos futuras personas que tendrán que estar preparados para saber que la satisfacción no siempre es inmediata, que la voluntad y el esfuerzo nos hacen grandes y distintos de los animales, que los inconvenientes y conflictos no se resuelven con la pataleta para ello tenemos el esfuerzo y la imaginación”.

  Sobre la alimentación a demanda, he comentado:

  Dar de comer sin tener en cuenta que el niño es un todo que debe ser armónico, deja espacios para la contradicción y los desequilibrios. 

  En alimentación, está por un lado la atención a las necesidades fisiológicas y por otro (muchas veces descuidado) la atención a la alimentación desde el punto de vista madurativo, evolutivo, es decir, el aprendizaje.

  Me explico, la lactancia materna es la mejor opción en los 6 primeros meses de la vida, el niño no tiene dientes y hasta el cuarto mes existe el reflejo de protusión en la lengua para acoger y exprimir el pezón. A partir de ese mes empieza a desaparecer, comienza entorno a los 6/9 meses la dentición, que ayuda al chico con la alimentación complementaria.

  Al año ha desarrollado habilidades cognitivas y motoras, indicadores excelentes de que ya hay una maduración neuromotriz que le capacita, que le provee de cierta autonomía, si se le respeta y favorece, crecerá sano psicológicamente.

  A los dos años, su desarrollo social y emocional le dispone para comer de forma autónoma, sentado a la mesa, utilizando cubiertos, interaccionando con la familia… la naturaleza habla, nos da señales de que ya no tenemos un bebé, le ha suministrado los instrumentos que le permiten salir de su etapa oral y sólo con el ejercicio de sus destrezas se sentirá capaz, seguro y autónomo.

  La lactancia materna en Chiapas es sinónimo de supervivencia, la lactancia materna en España es optimización de alimentación si a la vez se aplican y gestionan las oportunidades de desarrollo de potencialidad, mediadas por la confianza en la capacidad.

  Si se alarga la lactancia materna sin dar ocasión, al niño,  de conocerse a través del desempeño de sus habilidades, estamos dando mensajes contradictorios al desarrollo evolutivo del chico  y más si es alumno de escuela infantil, donde los niños están trabajados en función de sus características evolutivas, se les ayuda y facilita el crecimiento autónomo. Explorar a esta edad es desarrollo cognitivo.

  Si maman hasta edades por encima del año, sus vivencias en la escuela y en casa tiene poco o nada que ver. Comer mamando y comer masticando requieren estrategias distintas, suponen niño/autor, niño/receptor, suponen mensajes psicológicos distintos fase oral (primer año de vida que se les alarga hasta al menos los dos años), suponen ejercitaciones de habilidades sensoriales y motoras distintas, succión/deglución, manejo de cubiertos/masticación y eso un niño pequeño no lo vive como diversidad sino como desorientación.

  En cuanto al colecho:

  Por supuesto, parto de la base de que cualquier padre/madre lo que quiere para su hijo, es lo mejor. 

  Pero sigo sin entender por qué enseñar a dormir de forma autónoma se ha vuelto sinónimo de miedos e inseguridades. Tampoco veo claro que practicar colecho garantice un amor de más calidad.

  Dormir pegado, dormir separado no es la cuestión para asegurar un buen vínculo de apego. Dormir con seguridad, con la certeza de madre/padre que cuida y responde, de madre/padre disponibles implica confianza en el otro/a, pero también, poco a poco confianza en sí mismo.

  El vínculo no depende sólo de la presencia sino de la percepción y respeto por parte del adulto de las posibilidades del niño.

  No veo por qué razón la crianza que no sea a demanda tenga que ser menos acogedora, menos tierna, menos generosa. 

  • El lenguaje de la piel es muy importante, el lenguaje de la CONFIANZA en la capacidad de tu hijo, también.
  • El lenguaje de la confianza en la capacidad no es autoritario, no es excluyente de la afectividad, no es menos respetuoso…

  ¡Me sirvió la experiencia y como dice Pepe Santana, los principios hay que defenderlos incluso con vehemencia! La pasión por la educación te aseguro Pepe, no me falta 😉

  Así es que retomando…

  Y cierro este post con una frase de una mujer que tiene la fuerza de un huracán, la conocí el viernes en una conferencia sobre Pedagogía Sistémica, de la que es creadora, Angélica Olvera

“Amar ciegamente es amar sin ver al otro”.

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