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  Un tema viejo, tanto como nuestra existencia y que parece nuevo, tanto como las tendencias son capaces de poner en alza. Esto no es negativo si es reflexionado, valorado y decidido responsablemente.

¿Qué es?

  El apego es la vinculación, el lazo afectivo fuerte y duradero entre el niño y la persona más cercana a él, que suele ser la madre. Emerge sobre los seis meses y es de orden instintivo.

 En 1950 Bowlby elaboró una teoría, la del apego, estudiando a niños separados de sus familias y criados en instituciones. Dio explicación y puso nombre a esta tendencia de los seres humanos a formar vínculos con otras personas.

  Desde entonces y con estudios también muy importantes como los de Harlow y Harlow y Ainsworth, contamos con los resultados de sus investigaciones:

Lo que no es nuevo

  • Es de carácter adaptativo porque facilita la supervivencia mientras el bebé no es autónomo.
  • Con él se posibilita la adquisición de seguridad y confianza en sí mismo.
  • Con él se posibilita la exploración del entorno que le rodea.
  • Íntimamente relacionado con desarrollo cognitivo, afectivo y social.
  • No existe un sólo tipo, sino varios (apego seguro, evitante, resistente y desorganizado), dependiendo de muchos factores.

Factores

  • La sensibilidad de la madre para la correcta interpretación o no de las señales del bebé. Es decir estar atenta y adaptarse a sus necesidades.
  • La aceptación de buen grado del cuidado del hijo y sentir placer por hacerlo.
  • El respeto por la autonomía del pequeño, intentando que sus interferencias y controles se ajusten al disfrute y necesidades del bebé.
  • La accesibilidad que el niño tenga a su madre, la disponibilidad de ésta.
  • El temperamento del niño.

Lo que parece nuevo

  Una corriente, sin duda con finalidad beneficiosa para el niño, está instaurada en el lenguaje de las madres de hoy.

 Términos como “crianza con apego”, “crianza respetuosa”… están en el lenguaje y sentir cotidiano. Me gustan, así sin más, son un buen punto de partida.

  No es negativo, todo lo contrario, a no ser que su definición se haga por lo que “no son”, por “oposición a”. No sé si con intención o no, ni tan siquiera con qué tipo de intención. Algo tan importante se merece mucho más.

  Un planteamiento que pudiera ser válido se sustenta en el enfrentamiento y para ello se habla de “crianza en desapego”. Más o menos, estás conmigo o contra mi.

  Y es que creo que se parte de una premisa falsa. Ni existe la crianza con desapego, en todo caso sería con apegos inseguros, evitantes o resistentes, ni lo que hoy llaman “crianza con apego” es garante de apego seguro, si no se atiende a sus verdaderos postulados.

 Tratándose de familias de nuestro entorno habitual, no mediadas por problemas de enfermedad grave o separación forzosa, no existe una crianza en el desapego. El apego es ancestral, es necesario, se va a dar sin intencionalidad porque es instintivo en el niño. El apego es un vínculo, lo que determina su bondad es el determinante que consiga, el que forje el niño en su interacción con el/la cuidador/a primario.

  Por lo que leo, se hace referencia a comportamientos adultos como tener siempre al bebé en contacto con el cuerpo de la madre o no hacerlo. Pero echo de menos más profundidad, echo de menos planteamientos más ricos, un abanico más amplio  de pautas.

Reflexionemos…

  Si toda la filosofía de la crianza con apego es ésta pienso que es reduccionista, no amplía, ni mejora nada si además del contacto piel con piel no se indaga en la gran cantidad de factores que influyen en la construcción de un vínculo seguro.

  Estar pegado no siempre es sinónimo de afectividad, de cuidado efectivo. No es suficiente, si nos quedamos en lo aparente, no llega. Y que nadie interprete en esta frase como que con ello defiendo no coger en brazos, no acariciar, no besar… entiéndase como que la cercanía tiene que ser mucho más y mejor que la puramente física.

 La cercanía, la proximidad es vivir experiencias de comprensión de las necesidades, es oportunidad de ser interpretado como ser capaz con posibilidades y potencialidades, es tener la garantía de respuestas afectuosas cuando se requieren, la cercanía es posibilitar el ALEJAMIENTO confiado y seguro.

  Porque la razón de ser de la cercanía no debe ser otra que el niño adquiera la suficiente autonomía que le permita la EXPLORACIÓN segura, único modo de desarrollar su intelecto, su ser autónomo y libre.

  Hay demasiado en juego para frivolizar con ello, reflexionemos…

 

 

 

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