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   El post de hoy es la primera parte de un relato que consta de dos. La autora, Mariló, es una mujer que conocí a través de sus comentarios en el grupo de Jesús Martínez,el médico de mi hij@,en Facebook. Es un grupo colaborativo de pediatría, educación y crianza.

  En dos ocasiones Mariló expresó inquietud, me atrevo a decir, desesperación. Hoy, os empieza a narrar en primera persona la vivencia del motivo de su crisis.

  Como es un tema muchas veces tratado en este blog, le ofrecí la publicación. No es fácil, hoy, que una madre pueda expresar lo que siente si no se ajusta a los actuales cánones de crianza. Por ello todo mi respeto y reconocimiento a su valentía…

Me llamo Mariló,

…tengo 40 años, tengo dos hijos, uno de dos años y medio y otro de 7 meses. Antes de tener a Hugo, mi primer hijo, trabajaba como alto directivo de una multinacional, mi responsabilidad era la dirección de Marketing en el sur de Europa. Siempre me ha interesado mucho informarme sobre todo lo que hago o voy a emprender, es deformación profesional, soy metódica, ordenada y muy perfeccionista, tengo ideas claras sobre ciertas cosas pero no hago de ninguna un dogma, gracias a estos años de trabajo, mi mente se ha abierto mucho a nuevas experiencias, ideas y pensamientos y he aprendido mucho del respeto y de que no hay verdades absolutas, que de todo se aprende y que cada día puedes añadir algo a tu “saco” de lo que te cuentan los demás.

  La baja maternal de Hugo fue un caos, yo tenia que seguir atendiendo ciertos asuntos , email, reuniones, pero un día, pocos días antes de tener que volver, le mire y decidí que lo que quería hacer era cuidarlo y me despedí. Por poder tomar esa decisión y hacerlo  me siento una privilegiada, ni un segundo en estos dos  años me he arrepentido.

  Con mi primer hijo, me obsesione tanto con el embarazo, nos había costado tanto, que no me documenté mucho sobre crianza, El único libro que me leí sobre el tema, fue el método Estivill, recomendado por una amiga que tiene dos hijos maravillosos, sin ningún trauma, el libro me interesó más bien porque hablaba de nuestra forma de pensar en cuanto a crianza, rutinas, orden en la vida del niño, firmeza pero amor. No me planteé jamás que fuera algo más que un libro, no una forma de criar, porque esa la teníamos  clara.

  Hugo nació por cesárea, me lo trajeron a la habitación y me sentí la mujer más feliz del mundo, los días de hospital estaba conmigo de día, de noche se lo llevaban al nido. Desde el principio se enganchó perfectamente, pero tenía un hambre voraz, hasta las enfermeras alucinaban de cómo comía, no tenia ni idea de lactancia y menos a demanda. Al llegar a casa y con un bebé recién nacido, una subida de leche que me quería morir del dolor, el niño tenia muchísima hambre y no se podía enganchar yo desesperada, acuñe una frase “que llore por algo que yo no pueda remediar, pero por hambre no”, así que empezamos con lactancia mixta y al mes artificial. No he tenido ningún trauma por no haber dado el pecho a mi hijo, sí me planteé que me informaría más de cara al segundo porque lo poco que di me pareció maravilloso.

  Hugo con sus más y sus menos ha comido muy bien, con sus horarios, sus días, la transición a los sólidos fue buena, le gusta todo, algunas cosas más otras menos. A día de hoy come de todo y solo. En cuanto a dormir, el primer mes fue lo peor, la adaptación mutua nos costo un poco, de día dormía en un minicuna en el salón y de noche y la siesta después de comer en una cuna sidecar adosada a mi cama. Las primeras noches necesitaba que después de la toma lo tuviera en brazos un rato, luego lo dejaba en su cuna y hasta la siguiente, al pasar los días le daba la toma, cambio de pañal y a su cuna a dormir, siempre hemos seguido un horario y una rutina, a día de hoy es él el que la tiene tan interiorizada que la pide.

  A los 4 meses lo pusimos en su cuarto a dormir la siesta después de comer, a los 6  también por la noche. Yo me he levantado las veces que haya hecho falta, lo he cogido, lo he acunado, e incluso he dormido en un colchón o en el suelo a su lado cuando lo ha necesitado, si hemos dormido con él ha sido en su cama y cuando se consuela nos echa, le incomodamos más que ayudarlo. Cuando lo cambiamos de la cuna a la cama no hubo ningún problema, ni una sola noche ha venido a nuestro cuarto, si le pasa algo nos llama y vamos SIEMPRE, NUNCA LO HEMOS DEJADO LLORAR para dormir, por una sencilla razón, no lo hemos necesitado.

  De día  los primeros meses fue un niño, llorón, lloraba para dormirse, lloraba en la calle, lloraba para comer, pero todo se acababa a las 8 que se metía en su cuna y hasta el día siguiente, a día de hoy creo que era más un poco de descontrol nuestro, al dormir en el salón no descansaba bien y cuando lo pasamos a dormir siempre a su cuarto se calmó. Lo hemos cogido en brazos cuando hemos querido, sin pensar si era mucho o poco, sin plantearnos nada más que nuestras necesidades y las suyas, cuando el empezó a moverse, le molestaba mucho, que le cogiéramos, nso empujaba para que le soltásemos, ¡claro! El mundo era mucho mas interesante para jugar.

  Desde el primer día  hemos criado a nuestro hijo con un orden, un sosiego, nosotros hemos adaptado nuestro ritmo de vida al suyo, hemos actuado con él con mano firme y mucho amor, nuestra manera de criar nos ha “regalado” más críticas que alabanzas, nuestro entorno cree que somos unos sargentos, unos tiranos, que esto no es vida, simplemente porque no salimos a cenar porque acostamos al niño a las 8,30 y a esa hora estamos en casa, o porque no comemos a las 15,00 porque nuestro hijo come a la 13 y a esa hora se cae de  sueño y pide su siesta en su cama. La mejor recompensa es mirar a Hugo, es un niño tranquilo, feliz, ordenado, sensible, educado, y también es cabezón, con rabietas y lloros descontrolados cuando se enfada, pero estamos trabajando en ello, el otro día se enfadó porque no le daba una cosa, montó en cólera , a los dos minutos, vino a mis brazos y me dijo, “mamá, perdona, me he enfadado pero ya se me ha pasado”. Estamos haciendo un buen trabajo.

  Cuando todo el mundo me dice que es un niño buenísimo siempre contesto lo mismo, esto no es generación espontánea, detrás hay mucho trabajo y esfuerzo.

  Cuando tendría Hugo unos 10 meses descubrí la crianza natural y me leí varios libros, me pareció todo tan bonito, que me sentí mala madre por no haber insistido en el pecho con mi hijo, en dormir con él, en tenerlo en brazos a todas horas “demostrándole” mi amor y dedicación, así que me prometí que con mi futuro hijo aplicaría todas estas “enseñanzas”, y dos años después nace Guillermo…

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