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  Segunda parte de ¿A qué le llamamos crianza natural? Narración de una experiencia vital, la de Mariló Martínez, tal vez, la de muchas madres de hoy.

Guillermo nace

  …por cesárea, desde el principio ya doy síntomas de que todo va a ser diferente, estoy muy ansiosa de que lo traigan, ¡tenia que ponérmelo al pecho!, dar el pecho a Guille no fue un acto de amor, ni mucho menos, era yo que quería ser la mejor madre del mundo y uno de los factores principales era el éxito de la lactancia con este hijo.

  Cuando llego, 2 horas después de nacer,  lo saqué de la cuna me lo puse piel con piel y se enganchó estupendamente, a partir de ahí no volví a consentir que lo pusieran en la cuna, del nido ni nombrarlo, sólo conmigo, a mi lado. En el hospital necesitó varias biberones de apoyo, se los di y cuando los terminaba me inundaba un cargo de conciencia insoportable, ¡qué estaba haciendo! Tenía la sensación de darle veneno a mi pequeño.

  Al volver a casa, como ya tenia interiorizada la lactancia a demanda, pues me senté en un sillón y ahí estuve 2 meses, porque mi hijo mamaba cada 15 o 20 minutos. Nunca se ha dormido mamando, nunca ha mamado más de 20 minutos seguidos, nunca ha buscado mi pecho, siempre nervioso, en alerta llorando.. ¿qué le pasa? ¿qué estoy haciendo mal? Esto no es lo que pone en los libros.

  Abandoné radicalmente a mi hijo mayor, no tenía brazos, ni fuerzas, ni tiempo para atenderlo, de repente, su madre, el centro de su mundo, desaparece, no acude cuando esta malo, va papá, no acude cuando reclama un beso y si lo hace, en seguida le deja porque su hermano llora. “Mami no lo cojas” me ha dicho más de una y más de 20 veces, mirándome con esos ojos negros llenos de pena.

  Y yo odiándome, por no atender al mayor, porque tengo que establecer la lactancia, porque tengo que crear vinculo con el pequeño, porque tengo que atender su demanda siempre y en todo momento y porque quiero abandonar, no lo soporto, tengo nauseas cada vez que me pongo a darle el pecho.

  Y aun así, Guillermo no engorda, se engancha al pecho llorando, se arquea lo rechaza, sigue llorando. Acudo a grupos de lactancia, todo es normal, son crisis de crecimiento, ¿seguro que le das a demanda? ¿ duermes con el?

  Guillermo no duerme, sólo consiente dormir en brazos, de dia y de noche. De noche me busco la manera de que no se me caiga, lo cojo y me pongo debajo del codo el cojín de lactancia y así dormimos o por lo menos lo intentamos. De día es incapaz de dormirse solo, lo tenemos que acunar y hasta que se duerme estamos 40 minutos de lloros, empujones, bofetadas… para minisiestas de 20 minutos y otra vez a empezar, es imposible dejarlo en ningún sitio, sólo brazos, así que necesito la ayuda de otro adulto a todas horas para que uno de los dos lo tenga en brazos.

  Por supuesto no admito dejarlo en una cuna porque en cuanto lo dejo llora, y esto es una forma de maltrato, ahora pensando, a Hugo lo dejaba, lloraba y a los 2 minutos estaba frito, pero claro ahora se que le puedo crear un trauma. Vuelvo a acudir a las guías de crianza “ es normal, los niños tiene que estar en brazos”.       Sobre los 4 meses nos dicen que se le está deformando la cabeza, así que mi marido a dormir a otro lado, para poder mover el cojín de lactancia y cambiar al niño de lado. Aún así Guillermo no duerme, se despierta de noche cada 10/20 minutos, hay que levantarse, acunarlo, o pasearlo , cuando está dormido dejarlo con cuidado en la cama y con suerte se vuelve a dormir otros 20 minutos, sino al rozar la cama se despierta y a volver a empezar. Jamás se ha dormido a mi lado solo.

  Cuando tiene 5 semanas empiezan los cólicos, si llora todo el dia, a partir de las 6 de la tarde hasta las 11 o 12 de la noche da alaridos, un dia, y otro, y asi 5 meses. Esos cólicos que este pediatra tan famoso dice que es un invento actual que es por no tener a nuestros hijos en brazos, me hubiera gustado tenerlo en frente con el niño gritando en brazos que se pasase por mi casa y me lo dijese a la cara. Mi hijo no ha salido de mis brazos en 5 meses y aun asi, ha tenido cólicos, hasta el dia 24 de diciembre, cena de nochebuena a gritos, él y yo, no puedo más, estoy sobrepasada, he perdido más de 15 kilos, no tengo fuerzas, odio a mi hijo, me odia a mi porque soy incapaz de controlar la situación, lo pago con otro hijo, con mi madre, con mi marido, no sé qué estoy haciendo mal, me veo incluso capaz de llegar a hacerle daño, he perdido el norte, no tengo horarios, no tengo rutinas de nada, sólo vivo para atenderlo y aun así llora, llora y llora.

  Como los cólicos son mi culpa, llego a la conclusión de que el niño está enfermo, empezamos el periplo de pediatras, después de numerosas pruebas, de hacer yo régimen estricto de proteína de vaca, etc… conclusión el niño está como una rosa, delgadito, pero sano. Ningún pediatra, y he visto unos cuantos, me ha dicho jamás que lo destete. Tenía tal cargo de conciencia cada vez que pensaba en  destetarlo, me sentía tan mala madre por no poder llevar la lactancia a gusto. Incluso en un ataque de desesperación llegue a tomar las pastillas para cortar la leche, al día siguiente me sentí la peor mujer del mundo y volví a relactar.

  El pediatra de digestivo cuando lo vio por primera vez, tendría 4 meses, me dijo que ella creía que el niño pasaba hambre, ¡pero por dios! cómo va a tener hambre si mama cuando quiere y eso es cada hora u hora y media,  ahí ella se echó las manos a la cabeza, “lo que tiene este niño es un descontrol, cuando un niño llora no sólo lo hace por hambre,” me pareció casi un insulto que dudase de mi leche y que me recomendase espaciar las tomas o darle suplementos. A los 4 meses y medio, viendo que  los cólicos y su estado general no avanzaba, decidí intentarlo, empezamos los biberones y efectivamente, mi hijo tenía hambre, poco a poco fuimos normalizando las tomas, él fue engordando e incluso le cambio la expresión de la cara.

  Pero el resto seguíamos igual, brazos y no dormir, mi vida familiar un caos, yo entre deprimida e histérica, todo el día pendiente de el. Sin comer, sin dormir, totalmente deteriorada física y psicológicamente.

  Hace un mes estaba intentando comer con mi marido y mi hijo, primera vez en 6 meses, el pequeño en su trona, gritando porque se caía de sueño y no se dormía porque no estaba en brazos, llegué al limite, SE ACABÓ a su cuna y a dormir, y aquí entro de nuevo Estivill, me fui a IKEA compre una cuna, y la puse en mi cuarto, esa noche durmió en ella, tardó 25 minutos en dormirse, y yo entrando cada vez que me lo pedía el cuerpo y eso si, segura de que este dormía en su cuna.

  Los primeros días me puse más radical, al ver que conseguíamos que al final durmiera, pero teníamos que oírlo llorar un buen rato, me planteé cogerlo antes de dormir, que es lo que me pedía el cuerpo, mecerlo y cuando está adormilado lo acuesto y funcionó durante unas semanas, después vuelta a empezar, despierto cada 10 minutos pidiendo brazos, y  cada vez que lo dejábamos volver a empezar.

  Mi hijo es dependiente 100% de mi , no sabe estar sólo ni medio segundo, en cuanto me ve llora, no tiene avances significativos para su edad, porque gasta todas sus energías en buscarme y llamar mi atención, normalmente llorando. Me empiezo a plantear que no le estoy haciendo ningún bien.

  Cuando ya no puedo más, entra Marisa en mi vida, hago una consulta en el grupo de Facebook “el medico de mi hij@” y me contesta, luego mantenemos un cruce de e.mails, una sola frase suya me abre los ojos “has decidido coger las riendas de la crianza, sea como sea, va a ser tuya.” 

  Ese es el problema, estos meses no he sido yo, no sé en que momento me perdí, nunca lo sabré, al no creer en lo que hago, he vivido entre la inseguridad y la frustración y se lo ha transmitido a mis hijos. Estoy a tiempo, he hecho mi plan de acción y vuelvo a ser yo, esa mujer segura que sabe lo que hace y porqué lo hace, mis hijos están mucho mejor, Guillermo duerme y duerme bien. Llora cada vez menos y se entretiene más, y eso en dos dias!! No todo está solucionado, por supuesto, pero ahora sé cómo hacerlo.

  Ahora sé que mi vida era un caos gracias a esta “religión” de la crianza a demanda, la mía y la de mi familia, he vuelto  a coger el rumbo de lo que siempre ha sido mi pensamiento sobre cómo criar a mis hijos, firmeza, amor, rutinas, y más amor, pero no esclavitud.

  Gracias a esta presión social impuesta ahora con este tipo de crianza, había perdido el norte, llevándome a la desesperación, a sentirme mal por cada acto que hacía con mis hijos y por los que no hacía. Estoy criando un niño maravilloso, con mano firme y amorosa, pero no dejando de ser yo, y que me he equivocado con el segundo, intentando ser la que no era y criar como no creo, cosa que no me ha beneficiado a mi ,pero lo más importante no ha beneficiado en absoluto a mis hijos, a uno porque lo he abandonado y al otro porque lo he ahogado. Esto es lo más importante, ELLOS, estos pequeños que debemos cuidar y amar

  Creo que no habría podido soportar estos meses sin mi madre, ¡eso si que ha sido amor y dedicación a demanda! Aguantando mi mal humor, el ver como su hija se hundía, tranquilizar a mis hijos cuando yo no podía, sin quejarse, sin flaquear, sin fallar. Sin mi hermana, con sindrome de down, estos meses su vida ha sido el caos de la nuestra, y sin mi marido, con su apoyo silencioso, su brazo amigo, aceptando sin criticar, a el le tengo que dar las gracias por amarme como soy, por amar a la mujer en la que me convertí y sobre todo por amar a nuestros hijos.

  Os cuento mi premio, ayer estábamos sentados los tres en la manta de juegos con Guillermo tumbado a mi lado con sus juguetes y Hugo sentado en mi regazo, viendo Peter Pan, de repente, Guille rompe a llorar, Hugo me ha mirado a los ojos y se ha acurrucado en mis brazos como un bebé, “ no mi amor, no, mamá no te va a soltar, a Guille no le pasa nada, le damos un juguete y ya está”, he acariciado al pequeño, le he dado un juguete y he seguido disfrutando del abrazo de mi hijo mayor, me ha mirado, he visto en sus ojos que ha vuelto a confiar en mi.

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